Buenos Aires, 20 Jul. 06 (AICA) El arzobispo de Bahía Blanca y presidente de la Comisión Episcopal de Educación Católica, monseñor Guillermo Garlatti, consideró que la perspectiva trascendente y espiritual “no puede dejarse de incluir” en la futura Ley de Educación Nacional, para “tener así una visión integral del hombre y de la educación”.
Tras explicar que la participación de la Iglesia en el debate convocado por el gobierno para reformar la norma educativa constituye “un aporte y disponibilidad para el bien de la patria”, aseguró que los católicos “no podemos estar ausentes por deber de conciencia y por nuestra responsabilidad desde nuestra identidad, basada en el Evangelio”.
Al inaugurar un curso para directivos y docentes de todos los niveles, organizado por el Consejo Superior de Educación Católica (CONSUDEC), el prelado bahiense explicó que, más allá del sustento académico (conocimiento que nos da la ciencia) y de lo pedagógico-didáctico y psicológico para crear hábitos, pretendía “ofrecer algunas ideas, abrir horizontes, pues creo que todo esto no es suficiente en la vida-misión del educador”.
“Al pensar desde la identidad y desde la visión antropológica se requiere un plus de algo más, que es una prolongación para llevar a nuestros hijos a la plenitud. Se requiere un alma, un contenido espiritual, pues la educación es, además, una misión-vocación”, recordó.
Si bien no negó que “el educador es un trabajador, muchas veces incomprendido y con sueldos exiguos”, monseñor Garlatti dijo que “personalmente no me gusta ese término, pues todo no se hace por recompensa, también hay una donación, una gratuidad en las cosas que recibimos y que también debemos dar”.
“La educación es una tarea muy difícil, pues presupone lograr una afinidad espiritual con aquellos a los cuales nos dirigimos (educandos)”, puntualizó.
Tras reconocer que “se navega contracorriente”, estimó necesario “recrear la amistad espiritual si reconocemos que la tarea educativa es hermosa y noble, pues nos permite ir en busca de la verdad y del bien (de la virtud): es una tarea riesgosa, porque estamos jugando con valores como los afectivos, los sentimientos y lo espiritual”.
Por último, monseñor Garlatti citó tres aspectos de la espiritualidad y mística de la educación: debe estar sustentada en un gran amor, en Dios, lo cual no está desconectado del prójimo; amar el trabajo: trabajar con esperanza y con confianza en Dios, en nosotros y en los chicos.
Ésta es la perspectiva que no puede dejarse de incluir en la ley para tener así una visión integral del hombre y de la educación”.+