Moscú, 01/08/06 - (La Razón) - Moscú- Nadie se explica adonde han podido ir a parar las 221 piezas que han desaparecido de los fondos del museo del Hermitage, en San Petersburgo, aunque lo cierto es que los dedos acusadores apuntan directamente a los empleados del museo. El escándalo ha saltado al realizar el inventario de los bienes del departamento ruso del museo, cifrados en más de 300.000 piezas.
Las cuentas no cuadran y empieza a cundir el pánico en el Palacio de Invierno, de nuevo asaltado, aunque esta vez el objetivo no ha sido socializar sus bienes como hicieran los bolcheviques en 1917 sino «privatizar» parte de su colección. Las piezas desaparecidas, valoradas en casi 4 millones de euros, se suman a la larga lista de bienes robados en el museo desde que Catalina II lo fundase en 1764. En el año 1994, fue sustraído un jarrón egipcio de oro del siglo III antes de Cristo, valorado en 500.000 dólares. En el año 2001, «Piscina en el harén», pintura de Jean-Léon Gérome, desapareció del museo y hasta el momento no ha podido ser recuperada, al igual que un jarrón del siglo XIX que se evaporó de una de las salas el año pasado.
En su puesto de trabajo. Misteriosamente, una de las responsables de la conservación del museo murió «al poco de iniciarse el proceso de inventario», algo que desde el principio se ha relacionado con estas desapariciones y que el propio centro artístico ha descartado en un comunicado en el que sí ha confirmado la muerte de la conservadora, que según las fuentes de la pinacoteca «murió en su puesto de trabajo». Las autoridades rusas, que no se resignan a dar por perdidas las piezas, ya han comenzado una minuciosa investigación, aunque son pocos los que confían en el éxito de la misma. La falta de medios seguros para la correcta protección de las obras es un mal que los responsables del museo vienen denunciando desde hace años ante la pasividad de las autoridades rusas. El Buró de Conservación Cultural de Rusia recordó, por su parte, que «éste no es el primer caso de desaparición de piezas de gran valor cultural e histórico de los museos y archivos de Rusia».
Eduardo Bajo