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Además de elegir en qué campos buscar, hay una diferencia fundamental entre la búsqueda simple y la avanzada, que puede dar resultados completamente distintos: la búsqueda simple busca la expresión literal que se haya puesto en el cuadro, mientras que la búsqueda avanzada descompone la expresión y busca cada una de las palabras (de más de tres letras) que contenga. Por supuesto, esto retorna muchos más resultados que en la primera forma. Por ejemplo, si se busca en la misma base de datos la expresión "Iglesia católica" con el buscador simple, encontrará muchos menos resultados que si se lo busca en el avanzado, porque este último dirá todos los registros donde está la palabra Iglesia, más todos los registros donde está la palabra católica, juntos o separados.

Una forma de limitar los resultados es agregarle un signo + adelante de la palabra, por ejemplo "Iglesia +católica", eso significa que buscará los registros donde estén las dos palabras, aunque pueden estar en cualquier orden.
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Benedicto XVI: Una actividad excesiva lleva a la «dureza de corazón»

20 de agosto de 2006
Recoge en el Ángelus dominical la herencia de san Bernardo de Claraval

CASTEL GANDOLFO, domingo, 20 agosto 2006 (ZENIT.org).- Publicamos las palabras que dirigió Benedicto XVI este domingo al rezar la oración mariana del Ángelus junto a los peregrinos congregados en el patio de la residencia pontificia de Castel Gandolfo.

* * *

Queridos hermanos y hermanas:

El calendario menciona hoy, entre los santos del día, a san Bernardo de Claraval, gran doctor de la Iglesia, quien vivió entre el siglo XI y el siglo XII (1091-1153). Su ejemplo y sus enseñanzas se revelan particularmente útiles también en nuestro tiempo. Habiéndose retirado del mundo tras un período de intensa agitación interior, fue elegido abad del monasterio cisterciense de Claraval a la edad de 25 años, permaneciendo en su guía durante 38 años, hasta su muerte. La entrega al silencio y a la contemplación no le impidió desempeñar una intensa actividad apostólica. Fue también ejemplar en el compromiso con el que luchó por dominar su temperamento impetuoso, así como por la humildad con la que supo reconocer sus propios límites y faltas.

La riqueza y el valor de su teología no se deben al hecho de haber abierto nuevos caminos, sino que dependen más bien de haber logrado proponer las verdades de la fe con un estilo claro e incisivo, capaz de fascinar a quien le escucha y de disponer el espíritu al recogimiento y a la oración. En cada uno de sus escritos se percibe el eco de una rica experiencia interior, que lograba comunicar a los demás con una sorprendente capacidad de persuasión.

Para él, la fuerza más grande de la vida espiritual es el amor. Dios, que es Amor, crea al hombre por amor y por amor lo rescata; la salvación de todos los seres humanos, heridos mortalmente por la culpa original y cargados con los pecados personales, consiste en adherir firmemente a la divina caridad, que se nos reveló plenamente en Cristo crucificado y resucitado. En su amor, Dios resana nuestra voluntad y nuestra inteligencia enferma, elevándolas al nivel más alto de unión con Él, es decir, a la santidad y a la unión mística.

San Bernardo habla entre otras cosas de esto en su breve pero consistente «Liber de diligendo Deo» (Libro sobre el amor de Dios). Tiene otro escrito que quisiera señalar, el «De consideratione», un breve documento dirigido al Papa Eugenio III. El tema dominante de este libro, sumamente personal, es la importancia del recogimiento interior --y lo dice a un Papa--, elemento esencial de la piedad. Es necesario prestar atención a los peligros de una actividad excesiva, independientemente de la condición y el oficio que se desempeña, observa el santo, pues --como dice al Papa de ese tiempo, y a todos los Papa y a todos nosotros-- las numerosas ocupaciones llevan con frecuencia a la «dureza del corazón», «no son más que sufrimiento para el espíritu, pérdida de la inteligencia, dispersión de la gracia» (II, 3).

Esta admonición es válida para todo tipo de ocupaciones, incluidas las inherentes al gobierno de la Iglesia. El mensaje que, en este sentido, Bernardo dirige al pontífice, que había sido su discípulo en Claraval, es provocador: «Mira adónde te pueden arrastrar estas malditas ocupaciones, si sigues perdiéndote en ellas… sin dejarte nada de ti para ti mismo» (ibídem). ¡Qué útil es también para nosotros este llamamiento a la primacía de la oración! Que san Bernardo, quien supo armonizar la aspiración del monje a la soledad y a la tranquilidad del claustro con la urgencia de misiones importantes y complejas al servicio de la Iglesia, nos ayude a concretarlo en nuestra existencia, en nuestras circunstancias y posibilidades.

Confiamos este difícil deseo de encontrar el equilibrio entre la interioridad y el trabajo necesario a la intercesión de la Virgen, a quien desde niño amó con tierna y filial devoción, hasta el punto de que mereció el título de «doctor mariano». Invoquémosla para que alcance el don de la paz auténtica y duradera para el mundo entero. San Bernardo, en un discurso famoso, compara a María con la estrella a la que los navegantes miran para no perder su ruta. Escribe estas famosas palabras: «En el oleaje de las vicisitudes de este mundo, cuando en vez de caminar por tierra, tienes la impresión de ser zarandeado entre las marolas y las tempestades, no quites los ojos del resplandor de esta estrella, si no quieres que te traguen las olas... Mira a la estrella, invoca a María... Si le sigues a ella, no te equivocarás de camino… Si ella te protege, no tendrás miedo; si ella te guía, no te cansarás; si ella te es propicia, llegarás a la meta» («Homilia super Missus est», II, 17).

[Al final del Ángelus el Papa saludó a los peregrinos en seis idiomas. Estas fueron sus palabras en español:]

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española aquí presentes en Castelgandolfo, en especial al Grupo Asociación Pro-vida, de Mairena del Alcor, Sevilla; así como a quienes participan en esta oración mariana en la Plaza de San Pedro y a través de la radio o la televisión. Queridos hermanos: que la devoción a la Virgen María os ayude a recibir cada día con más fe y amor el sacramento del Cuerpo y la Sangre de Cristo, fuente de la verdadera vida y prenda de la gloria del cielo. ¡Que Dios os bendiga!

fuente: Zenit
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