Madrid, 17/10/06 (La Razón) - «Cada vez estoy más unida a mi fe católica. Creo que existe Dios, que existe Jesucristo e intento seguirle desde mi mediocridad. Cristo es mi gran guía. Tanto que ya no podría vivir sin fe. Aunque mi familia me quiere y tengo unos hijos y un marido maravillosos a los que adoro, no hay nada comparado con sentirse cerca de Dios. Y eso es algo que yo encuentro en la Iglesia católica». Así de simple y así de contundente se expresa la escritora María Vallejo-Nágera, una de las novelistas católicas de mayor éxito en nuestro país.
Con cinco libros a la espalda y un sexto a punto de dar el salto a las librerías, esta joven autora madrileña se ha revelado como uno de los referentes de la cultura católica española. Y lo ha hecho a pesar de las dificultades encontradas, precisamente, por confesar su fe en público. «He tenido muchos problemas a causa de mi fe. Hay pocos escritores católicos, y a los pocos que somos nos ponen trabas. Yo he perdido muchos lectores porque me han encasillado en el cliché de “escritora beatorra”, aunque me da igual. Sólo pretendo que el público disfrute con mis libros, que se enriquezca con ellos y que mis obras sean un regalo para su fe», afirma. Y a juzgar por el éxito de algunas de sus novelas -lleva 19 ediciones de «Un mensajero en la noche» (Belacqua)- parece que consigue sus objetivos.
Sin embargo, esta mujer de mirada penetrante y pluma ágil no ha sido siempre persona de fe. «Hasta el año 2000 yo era una ignorante del catolicismo. Tenía muchísimas dudas, y aunque estaba bautizada y confirmada, era una “paleta” en mi fe», recuerda. Fue entonces cuando viajó al pueblo bosnio de Medjugore. «Según me dijeron, allí había apariciones marianas y me llevó la curiosidad. Conviví con los franciscanos que investigan las visiones desde hace 25 años y que dicen ver a la Virgen cada día. Yo no vi nada, pero sí vi cómo rezaba la gente, sobre todo la gente joven», asegura. «Me deslumbró ver a personas del mundo entero orando de verdad y con una fe enorme. Ver así a los jóvenes me cambió los esquemas». Y a partir de ese momento decidió poner su pluma al servicio de Dios. «No soy yo quien elige los temas de mis libros. Soy una persona de oración y es en la oración donde surgen las ideas. No es que Dios me hable, pero sí noto que algunas historias pueden hacer mucho bien», sostiene. Por eso no es extraño que defina sus libros como «un instrumento al servicio de la fe». «Siento un placer infinito cuando la gente me dice que un libro mío les ha ayudado a creer», comenta. «Siempre hablo con Dios antes de escribir. Le digo que, o me ayuda Él, o a quién voy a ayudar yo. Entonces es Él quien se encarga de que surjan las ideas. Sé que cuando escribo algo que llega a la gente, el Señor está detrás».
Valor y alegría
En todo caso, María Vallejo-Nágera es una mujer con los pies en la tierra. Lejos de tener una visión simplista de la Iglesia, la escritora reconoce que «estamos en un momento muy difícil para vivir nuestra fe. Los católicos tenemos que ser más valientes que nunca y dar ejemplo de paz, perseverancia y valor. Las personas que critican a la Iglesia olvidan el papel del sacerdocio misionero y la labor social de la Iglesia y debemos recordárselo». «Tenemos que vivir la fe con alegría, ser más cercanos y tener más frescura», asevera. Eso sí, en sus palabras no se encuentra ni sombra de los tópicos anticlericales más frecuentes: «Creo que el Papa lo está haciendo muy bien, lo considero mi gran pastor. He aprendido a valorar lo sabia que es la Iglesia, porque nos lleva 2000 años de ventaja».
Y es que María Vallejo-Nágera es una persona sin dobleces. Tan clara y concisa como su propio estilo literario. Como ella misma reconoce, «mi público no son personas de gran nivel. Intento escribir para la gente sencilla, en especial para los estratos más bajos». ¿La razón? Simple: «Son ellos quienes más necesitan conocer la alegría de Cristo».
José Antonio Méndez