Buenos Aires, 15 Dic. 06 (AICA) El arzobispo emérito de Resistencia, monseñor Carmelo Giaquinta, recordó que el tiempo del Adviento, preparatorio para el nacimiento de Jesucristo, no es sólo “estar convencidos de su Venida con la mente, sino de desearla de corazón”, y preguntó si esto es “la realidad o hay un abismo entre la fe que profesamos con los labios y la que vivimos”.
Tras citar pasajes de la misa que demuestran “repetidamente nuestra convicción y deseo de que Cristo vuelva”, el prelado interrogó a los fieles: “¿Nos damos cuenta de todo esto que decimos durante la celebración de la Misa? ¿Expresa, de veras, nuestro deseo ardiente de que Cristo vuelva?”
“¡Hermanos queridos! El cristiano espera la Vuelta de Cristo no pasivamente, poniéndose nervioso, desesperándose porque el tiempo no pasa. Espera deseando el Encuentro con Cristo, estando siempre preparado, viviendo con responsabilidad la vida cotidiana”, subrayó.
Monseñor Giaquinta señaló que “la Iglesia desde antiguo instituyó la solemnidad del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo. Y luego dispuso un tiempo de preparación: el Adviento. En cierto modo, a semejanza de la Cuaresma que prepara la celebración de la Pascua. Así como ésta no es sólo un hecho glorioso acontecido en el pasado que se vuelve a recordar, como ocurre con las celebraciones civiles, sino que es nuestra participación actual en la muerte y resurrección de Jesucristo, de manera semejante la celebración anual de la Natividad del Señor”.
“La celebramos por tres motivos. Primero, en acción de gracias a Dios por la Primera Venida de Cristo. Segundo, porque su Nacimiento nos capacita para descubrirlo que viene a nosotros en todo ser que tiene una humanidad semejante a la que él asumió: ‘Viene ahora a nuestro encuentro en cada hombre y en cada acontecimiento’. Tercero, porque la alegría de la Navidad, es preludio de la alegría definitiva: ‘Él nos concede ahora anticipar con alegría el misterio de su nacimiento, para que su llegada nos encuentre perseverantes en la oración y proclamando gozosamente su alabanza’. Mi deseo es que nuestra existencia se transforme en Adviento”, concluyó.+