Forum Libertas, 20/12/06 -
El acontecimiento máximo del Nacimiento de Cristo tuvo su versión plástica en el arte cristiano desde los primeros siglos. Dentro del ciclo iconográfico de la Navidad, se incluyen varias escenas sucesivas: la Virgen y San José buscando posada en Belén ( recordemos el famoso cuadro de Peter Brueghel), la anunciación del ángel a los pastores, el hecho mismo y sublime del Niño recostado en el pesebre con José y María orantes a los lados, mientras al fondo aparecen la mula y el buey, la adoración de los pastores que vienen con sus ofrendas y, por último la Epifanía o adoración de los Magos.
Refiriéndonos tan sólo al Nacimiento y la presencia de los pastores, hay que señalar la doble vertiente en que el arte lo representa. Por un lado, están los pintores y escultores que podríamos llamar cultos, estableciendo desde muy antiguo esa composición con las figuras esenciales que hemos mencionado más arriba y que se mantienen invariables en cuanto a su personalidad y muy variables respecto a las épocas y los estilos.
A lo largo del tiempo podemos señalar los más llamativos anacronismos, en cuanto a la escenografía y a la indumentaria de los personajes no sagrados. Mientras la Virgen y San José visten la túnica y el manto de su tiempo, los pastores visten al gusto de la época en que vive el artista. Del mismo modo, varía el lugar en que el hecho sucede: un pobre portal, a veces unas ruinas clásicas y otras una cabaña flamenca. La apariencia del tiempo cambia respecto a la historicidad del suceso.
¿ Es esto ignorancia y descuido del autor de la obra?. Mas bien creemos que el anacronismo es voluntario. Con él quiere expresarse la perennidad del Misterio, la omnitemporalidad de la presencia de Cristo hombre entre nosotros.
La segunda vertiente estética de la representación navideña es la de carácter popular, la de los belenes, nacimientos o pesebres que la gente todavía instala en sus hogares. Aquí lo anecdótico, lo pintoresco, lo ingenuo se asocia a la celebración de la venida de Cristo. Se atribuye el origen de esta piadosa y generalizada costumbre a la iniciativa de San Francisco de Asís, amador de todas las cosas que adoran a su Creador.
El arte popular del Belén culmina en las preciosas figuras y maravillosos montajes del barroco napolitano. Su influencia llega a España con los Salzillo, escultores. Francisco Salzillo, establecido en Murcia en el siglo XVIII, es el maestro de toda una escuela que tiene sus ecos en otras regiones, como en Cataluña con Ramón Amadeu. Y llega a las pequeñas y delicadas figuras de barro cocido ( hoy ya de plástico) que se divulgan por toda España.
En definitiva, la Navidad es uno de los temas fundamentales y acaso, el más atractivo de todo el arte cristiano.
Publicado originalmente en www.e-cristians.net