Paris,23/01/07 - (La Razón) - PARÍS- «¡Socorro, amigos míos! Una mujer ha muerto congelada esta noche a las tres de la madrugada en la acera del Boulevard Sebastopol, asida al papel en el que le habían notificado, anteayer, la expulsión de su domicilio». Con estas dramáticas palabras, el abate Pierre arrancó el discurso que, el 1 de febrero de 1954, lanzó a todos los franceses desde las ondas de radio Luxemburgo. Ese relato fue el primer episodio público de un combate por los más necesitados que terminó ayer, a las 5.25 de la madrugada, cuando el religioso galo, fundador de la organización caritativa laica Compañía de Emaús, falleció en el hospital parisiense de Val de Grace. Tenía 94 años de edad y «ganas de morir», según reconoció meses antes de que una infección pulmonar apagase su vida.
Su vida, dedicada a la defensa de los más desfavorecidos, y su inquebrantable humor le convirtieron en un icono de la solidaridad y en el personaje público más querido por los franceses año tras año. Quien mejor resumió ayer la trascendencia moral del abate Pierre fue el presidente Jacques Chirac: «Francia pierde una inmensa figura, una conciencia, la encarnación de la bondad». El lema de este cura de gesto bonachón, barba afilada, sempiterna sotana e inseparable boina negra fue «dar de comer antes de evangelizar».
Duelo y admiración
Medio siglo después de aquel mensaje en Radio Luxemburgo, el drama de las personas sin hogar sigue siendo centro de atención en Francia, después de las decenas de acampadas que, durante las últimas Navidades, reclamaron una «vivienda digna» para todos los ciudadanos. Antes de extinguirse definitivamente, el abate Pierre tuvo tiempo de aplaudir la última medida del Gobierno, que la semana pasada aprobó un plan de urgencia para garantizar una vivienda a todos los necesitados en 2012.
Las loas hacia el personaje cayeron en cascada tras conocerse su muerte. Hubo quien, como el ex primer ministro, Laurent Fabius, propuso enterrarle en el Panteón de los grandes de Francia. El ex presidente Valéry Giscard D’Estaing se manifestó a favor de la celebración de unas exequias nacionales. Finalmente, el presidente Chirac decidió otorgar el carácter de «homenaje nacional» al funeral público que tendrá lugar mañana viernes, en la catedral de Notre-Dame de París. «Con esta desaparición, el corazón de toda Francia queda estremecido», dijo Chirac. «El abate Pierre nos enseñó el camino de la generosidad individual y colectiva», juzgó el primer ministro, Dominique de Villepin.
Para el entierro, sin embargo, se impondrá el deseo de sencillez del propio difunto. La inhumación tendrá lugar «en la más estricta intimidad» este fin de semana, en el pequeño cementerio de Esteville, según anunció Martin Hirsch, presidente de Emaús Francia.
Durante la ocupación nazi de Francia entró en la clandestinidad y pasó a filas de la Resistencia, donde recibió el pseudónimo de «Abbé Pierre», que le acompañó el resto de su vida. Detenido en 1944 en los Pirineos, logró escapar y cruzó la frontera con España, lo que le permitió alcanzar Gibraltar y reunirse con las tropas de Charles de Gaulle en Argelia. Volvió a Francia tras la liberación del país.