Madrid, 24/01/07 (La Razón) «Yo para ser feliz quiero un camión... con capilla». La conocida canción de Loquillo cambia esta vez el estribillo para dar cuenta de lo que muchos camioneros anhelan: rezar y acercarse a Dios cuando se encuentran realizando su trabajo en las carreteras.
El Vaticano ha propuesto una solución para que estos incansables peregrinos del asfalto den rienda suelta a su espiritualidad. Por esto, el Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e itinerantes ha hecho público recientemente las conclusiones del II Encuentro Internacional de Pastoral de la Carretera. Entre algunas de las iniciativas propuestas por este dicasterio vaticano se encuentra «la organización de encuentros en espacios como los lugares de descanso o las áreas de servicio» para que «estos momentos se vivan intensamente y espiritualmente, con la posibilidad de crecer en la fe». Además, propone la extensión de los llamados «camiones para rezar», que recorren las carreteras y efectúan paradas a lo largo del recorrido. En su interior, estos inusuales vehículos albergan una capilla con todo lo necesario para la liturgia y para solventar la necesidad de oración.
Sin embargo, no se trata de una iniciativa aislada, sino que ya existen más propuestas de este estilo en todo el mundo. En Alemania se puso en marcha el «Kanal K», un teléfono amigo de los camioneros a través del cual pueden contactar con un sacerdote o un agente pastoral.
«Sería estupendo que en nuestra ruta haya algún espacio para encontrarse con Dios. Un lugar donde recargar pilas espirituales y compartir creencias con otros compañeros», señala Luis, un camionero que lleva diez años en las carreteras españolas. «Espero que esta propuesta de la Iglesia se realice y haga nuestro trabajo más llevadero», apunta.