Forum Libertas, 19/02/07 -
Hay una chica de casi 28 años llamada Laura que está en coma. Es la víctima 192 de los atentados del 11-M.
Yace en un centro especializado de personas con daños cerebrales en las afueras de Madrid. Los forenses la visitaron a finales de enero para constatar antes del juicio que su cerebro parece estar irreparablemente dañado, en estado vegetativo persistente. Su madre va cada día al centro para verla.
Tiene los ojos abiertos pero no reconoce nada. La alimentan por sonda. Sus padres y su hermano siguen viviendo en Parla, cerca de Madrid. El 11 de marzo de 2004 ella iba a la oficina donde trabajaba a media jornada. Entre las 7.30 y las 7.40 se apeó en Atocha. Entonces todo estalló y ella ya no recuperó el sentido.
Los costes del cuidado de Laura corren a cargo del estado, al ser víctima del terrorismo. Pero ¿qué dirían determinados médicos acerca de esta chica?
El presidente de los médicos barceloneses, pro-eutanasia
El pasado 13 de febrero Europa Press recogía unas declaraciones del presidente del Colegio de Médicos de Barcelona (COMB), Miquel Bruguera, favorable a despenalizar la eutanasia en "determinadas" circunstancias. Según él, la decisión de despenalizar la eutanasia debe ser "de la sociedad" ya que en sus palabras se trata de un "tema social y no médico".
Por supuesto, no es cierto. Quizá el suicidio pueda ser un "tema social no médico". Quizá el asesinato es un "tema social no médico". Pero desde el mismo momento en que para matar a alguien (o para matarse) pides fármacos y la ayuda de un médico se trata de un tema médico. Aunque nos habían enseñado de pequeños que los médicos no matan, sino que curan; y que si no pueden curar, te ayudan a matar al dolor, no a la persona.
El doctor Bruguera alabó a la consejera de salud de la Generalitat, Marina Geli, por su decisión "muy valiente" de iniciar el debate y proponer despenalizar la eutanasia en algunos supuestos. Es curioso que esta consejera -y este médico- no propongan otros debates muy valientes, como el tratamiento del dolor a los fetos (vayan a ser abortados o no) o los efectos psicológicos del aborto, o las causas psicológicas que provocan la petición de suicidio. Sobre estos temas, ni la consellera ni el doctor Bruguera se muestran "valientes" para debatir y dialogar.
Bruguera explicó a Europa Press que, efectivamente, los cuidados paliativos a veces tienen el efecto no deseado de acortar la vida. "Hasta ahora se aplican cuidados paliativos para ahorrar un sufrimiento en los pacientes terminales, y si en esta paliación del sufrimiento se produce un acortamiento de la expectativa de vida, es algo aceptado y no se considera eutanasia", explicó. Y es cierto. Esta práctica es algo moral, porque se trata al dolor, no se busca matar al enfermo, y los cuidados son proporcionales al sufrimiento físico.
Pero luego Bruguera habla de que la eutanasia supondría, a su juicio, "un paso más porque significa pasar directamente a la finalización de la vida de esa persona con una medida farmacológica, pero la decisión la debe tomar la sociedad y no los médicos".
La sociedad no es competente para matar inocentes
¿Por qué la sociedad puede tomar la decisión de acabar con la vida de una persona con una medida farmacológica y no puede acabar con la vida de quien quiera con, por ejemplo, fusilamientos, la horca o, puestos a ser farmacológicos, gas Zyclon B?
La respuesta ética es que la sociedad no puede tomar la decisión de matar a nadie si no es por casos extremos, muy extremos, de necesidad de autoprotegerse y sólo cuando no hay otro medio eficaz de protegerse. Pero no es el caso: los enfermos que sufren, terminales, o ancianos no son peligrosos para la sociedad.
"Si la sociedad considera que la eutanasia no se debe hacer porque es un atentado contra la vida de las personas pues se mantendrá la penalización, pero a mí me parece que hay circunstancias como podría ser la de Ramón Sampedro y otros casos que no salen en los periódicos que justifican esta actuación", considera el doctor Bruguera.
Pero ¿por qué las circunstancias de Ramón Sampedro justifican que se suicide -con técnicas médicas- y en cambio miles de personas en situaciones mucho peores que Sampedro no se suicidan ni quieren hacerlo? ¿Justifican este acto las circunstancias o es sólo la voluntad del suicida? ¿Tienen los médicos que ayudar a los suicidas a suicidarse? ¿No es su función tratar el dolor, la enfermedad y la depresión, y no fomentar el suicidio?
El suicida y el indiferente
El doctor Bruguera dice que "si estas personas no tuvieran las limitaciones físicas que tienen seguramente ya habrían acabado con su vida y si no lo hacen es porque no pueden y porque están imposibilitados del todo", apuntilló. Pero podemos responder que ante un suicida muy sano, muy sano, que quiere arrojarse por un precipicio, todos intentaríamos agarrarle para que no se tire. ¿O él no lo haría? Ser sano y fuerte para suicidarse no justifica el suicidio.
"De iniciarse el debate -asegura el presidente de los médicos barceloneses--, los médicos seguramente no tendríamos una posición monolítica sobre el tema, participaríamos en el debate y supongo que se produciría lo mismo que sucedió cuando se discutió el aborto y tantos otros temas en que se constata una disparidad de opiniones".
Con lo cual parece dar por supuesto que el aborto ya no se discute (se discute y mucho: para la mayoría de los médicos en España y el mundo, los abortistas son una subclase despreciada y marginal). Y que haya disparidad de opiniones no es garantía de salud ética: también en la Alemania nazi había disparidad de opiniones entre los médicos sobre las esterilizaciones masivas, la eliminaciónd e enfermos, etc...
Cuando el doctor Bruguera habla de que el Colegio de Médicos barcelonés "adoptaría una posición equilibrada y neutral y comprensiva con los que propugnan la despenalización de la eutanasia en determinadas circunstancias" debería ser más claro: no es distinto lo que dice que adoptar una "posición equilibrada y neutral" entre los que quieren despenalizar el homicidio y los que no.
Laura lleva casi 3 años alimentada por suero, porque no puede tragar. Alimentar al enfermo es un cuidadado normal, no extraordinario, que se da a todos los enfermos, incluso con una simple gripe. Pero si médicos como Bruguera abren el camino a la cultura de la muerte, el Estado pronto encontrará buenas excusas para eliminar a todos los enfermos que cuestan dinero a las arcas públicas. Y muchos parientes lo harán con miembros de su familia. Es la pendiente peligrosa.
¿Lograrán los médicos pro-eutanasia lo que no lograron las bombas del 11-M?