Madrid, 04/04/07 (La Razón) - Nadie se acuerda de ellos, pero ellos sí se acuerdan de los demás. Han llegado para servir, y siguen sirviendo a Dios y a los suyos bajo la helada o el sol abrasador, en coche o a pie, en días laborables y sobre todo en festivos. Y de un modo especial en Semana Santa, fiesta grande de la fe, que no solo se celebra en las multitudinarias procesiones de las grandes urbes, sino también en la recogida Vigilia Pascual de Larrión, un pueblo de 150 habitantes de la diócesis de Estella, en Navarra.
«Si no fuera por la misa, padre, ya ni nos prepararíamos», le dijo hace unos días una feligresa al padre Jairo, párroco de Larrión y otros trece pueblos más. «En estos pueblos la misa sigue aglutinando al pueblo, aún conserva un alto componente social, a veces es la única forma de relacionarse», reconoce el padre Jairo. Él sólo atiende los catorce pueblos: los más grandes -Larrión, Echavarri y Galdeano- cuentan con una media de 100 habitantes, y los más pequeños -Amillano y Ollogoyen- apenas cuentan con quince. «A estos vamos una vez al mes, o cuando hay algún acontecimiento clave. No hemos podido mantener el culto, pero sigo yendo a visitarlos», relata. El padre Jairo, de 33 años, hace apenas año y medio que se ordenó y está orgulloso de sus feligreses: «Ésta es una zona muy peculiar de Navarra, ha sabido conservar una fe recia, profunda. El porcentaje de asistencia a misa es del ochenta y cinco por ciento, y tengo a setenta chavales en catequesis. Claro que, esta Vigilia Pascual no tendremos bautizos, como el año pasado», se lamenta.
Un sacerdote polaco :
El padre Jairo se quita importancia: «El mérito no está en los curas jóvenes, sino en los mayores, que llevan años con varios pueblos a su cargo y que están haciendo una labor increíble para conservar la fe», asegura. «En toda la Semana Santa vamos a poder celebrar los oficios en once de los catorce pueblos. Yo voy a celebrar en tres , y para el resto me ayudarán sacerdotes de la Universidad de Navarra. Por ejemplo, el padre Marek, un sacerdote polaco que estudia allí Derecho Canónico, y que me ayuda todos los fines de semana», explica.
La Semana Santa tampoco es sinónimo de descanso para el padre Alfonso, párroco de Nuestra Señora de la Soterraña, en Santa María la Real de Nieva y de otros cinco pueblos más de la diócesis de Segovia. «Santa María es el más grande, con 550 habitantes, pero Pinilla-Ambroz tiene sólo treinta, y en Pascuales sólo quedan siete», explica. Hace poco le operaron de la rodilla y estuvo unos cuantos días diciendo misa «con muletas, como las garzas», ríe. «Pero aquí la gente siempre echa una mano y te deja el coche cuando no lo tienes», asegura.
A la Vigilia Pascual en autobús:
«Normalmente tengo dos celebraciones el sábado y tres el domingo, para poder ir a todos los pueblos», explica. Pero esta Semana Santa celebrará los oficios con la ayuda de algún sacerdote y diversos matrimonios que vienen de fuera. La Vigilia Pascual es una celebración muy especial en Nieva: «Se celebra una única Vigilia, en Santa María la Real, pero para que puedan venir feligreses de todos los pueblos, con el dinero de todos se ha contratado un autobús que los va recogiendo. Traen el cirio pascual de cada parroquia, los ponemos en un hachero, los encendemos en el rito del fuego y luego se lo vuelven a llevar, con una velita recordatorio de la Vigilia», explica. «¡El año pasado hasta tuvimos dos bautizos!», recuerda con alegría. Este año no habrá bautizos, pero se compensarán con un par de nuevos fichajes para «La Soterraña», el equipo de fútbol juvenil cuyo escudo «es una imagen de la Virgen con un balón bajo el manto», relata. «Espero que a nadie le moleste, porque aquí todo es cariño para la Virgen...».
En Ugíjar, diócesis de Granada, el padre Eduardo se encarga del arciprestazgo de la Alpujarra interior, que reúne a 24 pueblos, que se reparten entre cuatro sacerdotes. «La Semana Santa aquí es sencilla», explica. «No hay tantas procesiones como en Granada, es más de oficios y Vía Crucis. Aquí es fácil recogerse para rezar. En Cherín, un pueblo de 200 habitantes, se hace un Vía Crucis con niños, donde ellos representan las estaciones de una manera muy sencilla y emotiva. En ocasiones llegan jóvenes de la Pascua Misionera que también nos ayudan, o matrimonios de otras parroquias», explica. «Yo llevo cinco pueblos. El mayor es Ugíjar y el más pequeño es Mecina, que cuenta con unos 20 habitantes. El Viernes Santo tengo una Hora Santa con los niños, luego la celebración de la Pasión a las cinco en Ugíjar, a las seis en Cherín, y luego a las nueve dos procesiones...»
En Vegarienza, León, don Nicolás atiende nada menos que a 19 pueblos, muy cercanos unos de otros, «apenas dos o tres kilómetros». El Jueves Santo tendrá dos celebraciones de la Cena del Señor, «y luego invito a limonada y a torrijas a todos», explica. «LLegué a tener hasta 40 pueblos, cuando uno de los sacerdotes se puso enfermo. Pero sin duda aquí quien se lleva la palma es don Ovidio, el párroco de Riello. Él sólo tiene que atender a 25 pueblos!» Con tanto ajetreo y en vísperas de unos días tan significativos, no es de extrañar que fuera imposible dar con él.