La Razón 08/07/07 - Repugnancia, degradación, crueldad, sometimiento, humillación y vileza. Faltan palabras en el diccionario para definir el contenido de las páginas de pornografía infantil que se producen y distribuyen en nuestro país a través de internet. Un fenómeno que se extiende a pasos agigantados y que preocupa a las Fuerzas de Seguridad del Estado.
«Este material está por toda la red, los desnudos son lo más ligero del problema. Lo que más gusta a los pederastas son las niñas impúberes, las imágenes de sexo como las violaciones, incluso de bebés, los abusos y el sexo entre menores», señala Juan Salom, comandante jefe del Grupo de Delitos Telemáticos de la Guardia Civil, un cuerpo que recibe más de 7.500 denuncias anuales de personas que han visto o descubierto accidentalmente este tipo de páginas en la red.
Hay chats y páginas de acceso público, otras privadas que exigen una clave de entrada y otras que son de pago, pero uno de los canales más peligrosos, explica Salom es el «gooming», es decir, chats en los que los pederastas «se hacen pasar por niños e intentan conseguir escenas de porno infantil o favores sexuales». Primero se ganan su confianza, consiguen información y le chantajean. El menor se asusta y accede.
En 2006 la Guardia Civil y la Policía Nacional realizaron un total de 15 grandes operaciones contra la pornografía infantil, que supusieron 432 detenidos.
Entre el material incautado en los ordenadores de los pedófilos se hallaron vídeos e imágenes desgarradoras en la que aparecían niñas que eran violadas por adultos, bebés golpeados y sometidos a todo tipo de vejaciones sexuales. Uno de los problemas para frenar estos delitos es que, como asegura Izakum Alonso, responsable de internet y nuevas tecnologías de Anesvad, este «peligroso negocio» evoluciona más rápido que las leyes o la actuación judicial. «En España existe un vacío legal muy grande sobre la pornografía infantil en internet. La ley castiga el uso de menores con fines pornográficos o exhibicionistas, y la venta, posesión y distribución de este material con penas de hasta tres años de prisión. Sin embargo, el acceso a contenidos pornográficos de menores no está penado, al contrario que en Francia o Alemania, del mismo modo que la apología de la pornografía, que se efectúa, principalmente, a través de fotografías, vídeos, relatos literarios y dibujos», explica el experto.
Por ello, para esta ONG que trabaja contra la explotación sexual de niños y mujeres, y que recibe 8.000 denuncias al año, es «necesario una nueva normativa para penalizar estas conductas».
Monitores de campamento :
Junto al cambio de la Ley, las ONG Protégeles y Acción Contra la Pornografía Infantil (ACPI) exigen que se cree en España un registro de agresores sexuales de niños con el fin de que éstos no puedan trabajar con menores.
El registro permitiría a la Policía tener identificados y localizados a estos individuos y anticiparse incluso a determinadas situaciones, como la ocurrida a principios de año, en la que dos jóvenes que trabajaban como monitores en campamentos infantiles fueron acusados de abusos sexuales a menores y distribución de pornografía infantil a través de la red. Guillermo Cánovas, presidente de Protégeles, sostiene que no se trata de establecer un registro público como sucede en EE UU, sino que hay que seguir modelos implantados en otros países como el caso de Gran Bretaña. «Es un registro al que tengan acceso las autoridades y las unidades de Policía, pues es absolutamente inadmisible que agresores sexuales e individuos ya detenidos por delitos relacionados con la pedofilia puedan terminar trabajando en colegios o como monitores de tiempo libre, como ha sucedido en diversas ocasiones», matiza.
En base a sus investigaciones, Anesvad denuncia la «alarmante» proliferación de pornografía infantil en la red: «España es uno de los países que más pornografía infantil consume a nivel mundial y se está convirtiendo en un punto de creciente producción». Frente a hace algunos años en los que el «producto estrella» eran las páginas web de pornografía con menores, expone Alonso, «hoy están proliferando los programas P2P (peer to peer -de igual a igual-) de intercambio de archivos.
En el pasado, el usuario veía las páginas, pero ahora estos archivos generan que una persona que busca pornografía se convierta en productor y distribuidor, pues para poder ver tiene que ofrecer a cambio imágenes nuevas. Las barbaridades que muestran estos archivos, sentencia Alonso, «ponen los pelos de punta, pues aparecen abusos sexuales a niños y bebés donde llegan incluso a participar hasta animales».
Perfil del consumidor :
Para conocer el perfil de los consumidores de pornografía infantil, Anesvad creó una web (www.michiquitina.com) en diciembre del año pasado en la que supuestamente se ponía a la venta una muñeca hinchable con el aspecto de una niña de 12 años, un cebo en el que cayeron 1.981 pedófilos en los tres meses que duró la investigación. La entidad introdujo diferentes preguntas con las que realizó una encuesta que contestaron 168 cibernautas. Según el estudio, el 14 por ciento de los encuestados confirmó que había mantenido relaciones sexuales con menores y todos ellos señalaron que les gustaría repetir, y otro 12 por ciento dijo que estaría dispuesto a hacerlo. El informe también detalla que el 78 por ciento de los usuarios mostraron interés en realizar la compra de la muñeca.
Entre sus motivaciones, la mayoría destacaron que «le da mucho morbo», que supone «algo diferente», y que «es una forma legal y fácil de tener sexo con una menor». Un porcentaje de los usuarios manifestó a su vez el deseo de «probar algo nuevo». Desde Anesvad, Izakum Alonso remarca que el principal canal por el cual llegaron estos individuos a la web diseñada fue «el boca a boca a través de los contactos, foros y comunidades» que emplean estos consumidores de pornografía.
Alonso apunta que el uso de programas para ocultar la identidad del ordenador desde el que se opera es cada vez mayor, «lo que incrementa los obstáculos a la hora de luchar contra la pornografía infantil».
Cada vez más degradante :
El material que aparece en la red es «cada vez es más degradante y violento y esto podría provocar un aumento de los delitos sexuales», reconoce el neurofisiólogo de la Clínica Médico Forense de Madrid, Manuel García Nart.
La pedofilia, explica Iñaki Piñuel, psicólogo clínico y profesor de Universidad de Alcalá de Henares, está dentro de la categoría de «trastornos sexuales e identidad sexual» que hace que estos sujetos sólo obtengan gratificación sexual con niños: «Es una conducta patológica, un trastorno muy persistente con muy pocas posibilidades de rehabilitación ya que obedece a causas de fondo».
Entre los orígenes de este trastorno, confirma el experto, «se encuentra la de experiencias traumáticas de abusos sexuales en la infancia, la falta de autoestima, de habilidades sociales y de comunicación, una carencia que suplen con el abuso sexual a menores».
El mero hecho de contemplar imágenes de pornografía infantil es una «actitud pedófila» porque existe una satisfacción viéndolas. La radiografía de estas personas que disfrutan con el espectáculo macabro del abuso infantil responde al género masculino.
«El 90 por ciento son hombres, con edades de 35 años en adelante y con profesiones liberales como médicos, ingenieros, abogados o lo que es más alarmante, profesiones que les permiten estar en contacto con menores», puntualiza. El experto explica que fuera de llamar la atención o vivir aislados, los pedófilos suelen tener estatus económico que les permite tener un ritmo de vida medio, medio alto. «No suelen tener delitos anteriores y son capaces de hacer una vida normal», dice.
Marta Borcha