Forum Libertas, 31/07/07 -
Cada momento histórico, ha dado hombres y mujeres que han marcado la vida de la Iglesia; estos santos han aparecido en el momento oportuno, convencidos de sus objetivos, y llenos de fe y libertad, han decidido seguir la llamada hacia una plenitud completa.
El estilo que anima a los grandes santos, siempre ha sido el mismo, pero reviste unas características peculiares que le dan un estilo propio, con fidelidad al Evangelio. Cada santo tiene un sello personal, pero también unas cualidades comunes como Edith Stein, Teresa Benedicta de la Cruz que personalizó hasta el extremo su entrega a los demás.
Su entrega y su afán de saber, son fruto de una experiencia del amor gratuito de Dios, en medio de las dificultades de un mundo convulso, dividido y enfrentado en una guerra devastadora.
Si quería conocer y evangelizar, no podía quedarse a medias, porque Dios se lo pedía todo, aceptando todos los sufrimientos e incomprensiones, con alegría. Servir a Dios desde la vida religiosa de una forma peculiar, con una vida consagrada plenamente al estudio, a la oración y al servicio de los hermanos, con una sólida formación filosófica para defender mejor la doctrina, y para asumir que el prójimo es realmente “próximo”, sufriendo con los próximos y muriendo con ellos.
Para amar a Dios no son necesarios ni libros ni teologías, sino el don de la caridad, el sentido de la fraternidad a todos los hombres, y una vida intensa de oración y sacramentos. Pero Teresa Benedicta de la Cruz debía ser un baluarte en la defensa de la Iglesia y de la doctrina, con cultura e inteligencia, entusiasmada en la propagación de la verdad.
Santa Teresa Benedicta de la Cruz, descubrió y vivió la verdad, por eso contagiaba a todos con su alegría profunda. Para Benedicta de la Cruz, la vida es encuentro, fue una santa muy necesaria en su época, por eso su vida y su obra son un ejemplo de inteligencia, claridad y servicio silencioso.
Ese amor, es un amor de amistad, no basado en el sentimiento solamente sino en hacer un camino juntos, con un objetivo común. El amigo se apoya en el amigo para seguir adelante, sin sensiblerías, con espíritu fuerte, sin límites.
Edith Stein fue una gran conversa. ¿Qué entendemos por conversión? La conversión es un cambio moral, un volverse hacia el interior del hombre y de su conciencia, una búsqueda, un don. La respuesta es clara, todo hombre está obligado por ley natural a buscar la verdad, seguirla cuando la encuentra y adecuar su vida a esos nuevos valores conocidos.
Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, provenía de una familia no cristiana.
“En ella, todo expresa el tormento de la búsqueda y la fatiga de la peregrinación existencial. Aún después de haber alcanzado la verdad en la paz de la vida contemplativa, después de una aproximación a través de la filosofia, debió vivir hasta el fondo el misterio de la Cruz” (Carta Apostólica en forma de “Motu Propio” para la proclamación de Santa Brígida de Suecia, Santa Catalina de Siena y Santa Teresa Benedicta de la Cruz copatronas de Europa. Juan Pablo II, 1 de octubre de 1999, nº 8 y 9). Nº 8.
“La gracia la esperaba precisamente en las sinuosidades del pensamiento filosófico: orientada en la línea de la corriente fenomenológica, supo tomar de ella la exigencia de una realidad objetiva que, lejos de reducirse al sujeto, lo precede y establece el grado de conocimiento, debiendo ser examinada con un riguroso esfuerzo de objetividad”.
Se puso a la escucha de la realidad, captándola por “empatía” que permite en cierta medida hacer propia la experiencia del otro.
Tensión de la escucha, testimonio de Teresa de Jesús y la mística, y recio pensamiento cristiano consolidado en el tomismo. Fue una llamada irresistible, primero el Bautismo y después la vida contemplativa hasta el martirio.
Una búsqueda interior, permanente, basada en el estudio, en la promoción de la mujer y en la oración profunda; sus escritos son junto a su vida, el verdadero testimonio de su profunda conversión.
No renegó de las raíces judías, las descubrió más plenamente, sufrió la incomprensión también de los más próximos, y asumió su cristianismo y su origen judío, desde la cruz que marcó su vida y su inmolación final. La conversión marca un antes y un después, define la existencia y obliga a la donación absoluta por Dios, y a Dios mismo.
Esa fue la llamada de Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein. Fue una servidora de la verdad, siguiendo las orientaciones extraídas de la Biblia: “no sigas a la muchedumbre para obrar el mal, ni te acomodes en tus juicios al parecer de la mayoría, si con ello te desvías de la verdad” (Éxodo 23, 2), aunque la verdad acarree la muerte corporal, convencida de gastar su vida en una causa justa.
Una gran filósofa, una intelectual convertida a la causa de la verdad, hasta sus últimas consecuencias, ejecutada a manos del nazismo, mártir de la fe por doble causa, por su ascendencia judía y por su valentía cristiana.