Forum Libertas, 02/08/07 - Nos encontramos ante un personaje que llama la atención desde el primer momento, y que, cuando finaliza el relato, se nos descubre como alguien que debería ser mucho más conocido. Por eso, el valor del libro, se acrece en cuanto avanza la lectura.
María Skobtsov es una singular mujer rusa, amante de la poesía y capaz de elaborar los más bellos bordados. Es también la mujer activista que, en los inicios del siglo XX es activista política y alcanza a ser alcaldesa de una ciudad del Mar Negro. Pero también es la mujer que ha de huir de su país a causa del comunismo y que descubre, entre los exiliados de París, una vocación singular dentro de la iglesia ortodoxa.
Siendo mujer casada, y dos veces (la ortodoxia permite un cierto divorcio), se siente llamada por Dios a la consagración monástica. A pesar de las reticencias de algunos el metropolitano acaba aceptándola y así, María, inicia su vida de una forma nueva. Quiere consagrarse a Dios en el servicio a los hermanos. Es conocida por todos como “Madre María”, y en ese nombre se significaba su especial atención a los desfavorecidos y su maternidad espiritual.
Pero su monacato es singular, porque no le importa fumar o pasar largas horas en los cafés atendiendo a la gente. La caridad, vivida en medio del mundo sin dejar de traslucir en sus gestos y palabras un amor más grande.
Llega el infierno nazi, la banalidad del mal, el triunfo del horror y la persecución de los judíos. Madre María se vuelca hacia ellos. Son los desheredados de este mundo, los que más sufren en ese momento y no puede ignorarse su situación. Es amenazada por ello y encarcelan a su hijo para hacerla ceder. Es en vano. En la conversación con las autoridades nazis un compañero sacerdote muestra un crucifijo y dice al oficial; “Y a este judío, ¿lo conoce usted?”. Es suficiente para deportarlos a todos.
En el campo de concentración de Ravensbrück María, dotada de una natural fuerza física y espiritual, sobrevivirá aún dos años. Los testigos la recuerdan como una mujer que irradiaba paz y alegría, entregada al servicio de los demás con mayor intensidad aún después de la muerte, también en un campo de concentración, de su último hijo. En marzo de 1945 es seleccionada para la cámara de gas.
La singularidad de este personaje, canonizado por la iglesia ortodoxa, no reside sólo en su vivencia del mandamiento del amor, sino también en los puentes que tendió entre occidente y oriente. La autora os presenta una atractiva semblanza aunque, en algún momento, se entretiene demasiado a mi parecer en el tema del diaconado y sacerdocio femenino.
María Skobtsov es uno de los muchos cristianos que no sólo padecieron la ira del régimen nazi sino que, con su amor, vencieron desde dentro el odio.
MARÍA SKOBTSOV
Madre espiritual y víctima del Holocausto
Emilia Bea Pérez
Narcea
115 páginas