Forum Libertas, 27/07/07 -
Kaylie es el nombre de una recién nacida, completamente sana, que sobrevivió a un intento de aborto con el fármaco RU-486. La madre fue inducida a abortar cuando estaba embarazada de siete meses, pero cambió de opinión: “Sea lo que sea que pase está en manos de Dios”, dijo tras conocer los riesgos que corrían ella y su bebé.
Un médico de Carolina del Norte, el doctor Matthew Harrison, nunca imaginó un caso como éste. Asesor de la organización pro-vida Priests for Life, el doctor Harrison recibió en su consultorio a una acongojada joven de 20 años llamada Ashley, quien le dijo que temía por la vida de su bebé porque dos días antes había tomado la píldora RU-486 en un centro abortivo.
Después de haber tomado una primera dosis del fármaco, Ashley había cambiado de opinión sobre el aborto y quería saber si era posible salvar la vida del bebé que llevaba en sus entrañas.
Aborto en dos tiempos :
El aborto con RU-486 requiere que la embarazada consuma primero la droga mifiprex -que interfiere el trabajo de la progesterona y hambrea al bebé- y tres días después ingiera una segunda droga llamada cytotec o misoprostol, que causa contracción para que se produzca el parto de un bebé muerto.
Ashley explicó al médico que su novio la había presionado para que abortara. Pero después de consumir mifiprex se arrepintió. Su madre la ayudó a resolver el problema y llamó a un centro de asistencia para mujeres embarazadas que le recomendó contactar con el doctor Harrison.
Tras escuchar el testimonio de la joven, el médico se disculpó durante un momento y se fue a otra habitación a rezar. Consultó después un gran número de referencias médicas y decidió darle a Ashley un tratamiento de progesterona. Pensó que quizás una dosis extra de progesterona permitiría anular los efectos de la falsa progesterona.
Este intento no estaba exento de riesgos, sobre los que Ashley fue claramente informada. Ella sabía que su bebé podía estar agonizando y se le informó que era posible que este intento solo prolongase el proceso de la muerte, trajera complicaciones adicionales al bebé o a ella misma.
Ashley firmó el consentimiento diciendo: “Sea lo que sea que pase está en las manos de Dios, simplemente rezo para que mi bebé esté bien”.
Posteriormente, recibió la inyección y sangró durante todo el fin de semana siguiente. La hemorragia paró y con un tratamiento continuado a base de progesterona el doctor Harrison consiguió que el embarazo siguiera su curso.
Pocas semanas después, Harrison y su socio, el doctor Daniel L. Holland, asistieron al nacimiento de una bebé completamente sana que recibió el nombre de Kaylie.