Miércoles 15 de agosto de 2007 (La Nación) CORDOBA.- "Benjamín es un hijo para mí. La verdad es que siento un cariño muy especial por él. Cuando no estoy con mi hijo [Lucas] lo tengo a Benjamín, y es como si fuese un hijo también." Así habla la maestra rural Liliana Machuca, de 28 años, quien diariamente dicta clases al único alumno que concurre a la escuela en una inhóspita región de la pampa de Pocho.
Liliana y Benjamín son los artífices de que hasta hoy la escuela Juan José Paso, en el paraje La Mudana -a unos 40 kilómetros de Salsacate, en el noroeste cordobés-, permanezca abierta. Cuando el chico termine la primaria, a fines del año próximo, es posible que la escuela deba cerrarse: según el censo de la región, los pocos pobladores en varios kilómetros a la redonda son personas mayores y no hay chicos en edad escolar.
"Lo único que puede cambiar la situación es que se radique alguna familia con niños que puedan asistir a la escuela", manifestó Liliana a LA NACION.
La docente transcurre la mayor parte de su vida en la escuela; llega a la mañana del lunes y retorna a su hogar, en la localidad de Cura Brochero, el viernes a la tarde, para reencontrarse con su familia.
Según comenta, la jornada escolar transcurre de la misma forma que en cualquier escuela, a pesar de que asista un solo alumno. La única particularidad es que la actividad se desarrolla entre las 11 y las 15.30. Benjamín va y viene en burro los 5 kilómetros que separan su hogar de la escuela, salvo los días de lluvia, nieve o temperaturas extremas.
"Benjamín tiene sus horas de clases y almuerzo. En el recreo yo juego con él, y si está lindo el día salimos al sol y realizamos la clase al aire libre. Pero ahora está tan frío que nos ubicamos en un rinconcito del aula junto a la estufa", relata.
La enseñanza del niño se basa en el programa común para todas las escuelas. "Benjamín tiene todas las asignaturas, como lengua, matemáticas, ciencias naturales, ciencias sociales, plástica, y los jueves educación física con un profesor itinerante. Además, dos veces al mes lo llevamos a la escuela de Las Palmas [un paraje próximo] para que se integre con otros chicos, como en los actos oficiales", dice.
La docente destaca que el chico es muy dócil, muy responsable y tiene mucha predisposición a aprender. De todos modos, Liliana admite que hay temas que cuesta hacerle comprender porque el niño sólo conoce el campo. Por caso, menciona que será complicado transmitirle educación vial. "Tendremos que buscar nuevas estrategias, como el uso de videos u otros elementos."
En ese sentido, cuenta que durante el almuerzo ven televisión (llega un solo canal) y Liliana aprovecha para explicarle cosas sobre la realidad del país y del mundo. Benjamín vive en medio del campo con sus padres y dos hermanos varones y una mujer, todos mayores que él. Viven de la cría de ganado vacuno, cerdos, cabras, ovejas y aves. El niño alterna sus estudios con el cuidado de los cabritos. "Quiere concluir sus estudios, ése es su sueño. Pero no sabe cuál va a ser su futuro", cuenta Liliana. Las escuelas secundarias se encuentran más próximas a los sectores urbanos, por lo que muchos chicos como Benjamín no avanzan en sus estudios.
La situación de la escuelita de Liliana y Benjamín se asemeja a otros 12 casos en la provincia donde un alumno tiene "maestra particular" en una escuela pública. Al mismo tiempo, hay centenares de escuelas perdidas en los más alejados lugares a las que concurren sólo dos, tres o cuatro alumnos.
Esta situación llevó al desaparecido gobernador radical Ramón Mestre, en la década del 90, a cerrar varias escuelas rurales. Algunas fueron reabiertas por la actual administración peronista de José Manuel de la Sota.
Por Orlando Andrada
De la Corresponsalía Córdoba