La Razón, 22/09/07
«El séptimo mes, el día diez del mes, ayunaréis y no haréis trabajo alguno. Ni el nativo ni el extranjero que habita en medio de vosotros. Es el día en que se hará expiación sobre vosotros para purificaros» señala la Biblia en el libro del Levítico. Y ese día, según el calendario judío, es Yom Kippur -el Día del Arrepentimiento y el Perdón- que comenzó en la tarde de ayer. Raras veces, como en esta ocasión en Jerusalén, tantos fieles coinciden en un mismo lugar, para elevar sus plegarias. Porque esta vez, el inicio de la fiesta judía coincidía también con el segundo viernes del Ramadán, el mes del ayuno musulmán. Más de 60.000 musulmanes se dieron cita en la Explanada de las Mezquitas al mismo tiempo que, unos metros más abajo, a pie del Muro de las Lamentaciones, cerca de 100.000 judíos preparaban su alma para afrontar el ayuno del que, para ellos, es el día más sagrado.
Desde anoche el país está paralizado y no cabe un alma en la plaza por la que se accede al Muro. Para los judíos es el día de rendir cuentas ante Yahvé por las obras del último año. Muchos, generalmente ultraortodoxos, pasan las veinticuatro horas en ese lugar, rogando para que el Todopoderoso les inscriba en el Libro de la Vida cuando el sonido del «shoffar» (un especie de trompeta fabricada con un cuerno de carnero) anuncie, hoy al atardecer, el final de la jornada. Así, serán redimidos de sus faltas y podrán disfrutar de la existencia terrenal durante este año 5768 que, según el calendario hebraico, comenzó la semana pasada.
Sacrificio ritual
Horas antes, ayer por la mañana, Avi, un judío ortodoxo, corría apresurado por el mercado Menahe Yehuda, en pleno centro de la ciudad. Lleva un pollo blanco cogido por las patas y a duras penas se abre paso entre la multitud. «Es para la ceremonia de Kaparot -explica a este diario- una vez sacrificado se lo vamos a dar a los más necesitados». Kaparot es el ritual judío por el que, la víspera de Yom Kippur, se pasa un ave tres veces por la cabeza de las personas para que, de este modo, simbólicamente los pecados pasen al animal. Posteriormente debe ser sacrificado según el procedimiento halájico, es decir, según la ley judía.
Lourdes Baeza