Forumlibertas, 21/09/07
Dios, en cada época de la historia suscita santos que no sólo recuerdan la validez perenne del evangelio sino que también son una respuesta, de la providencia, a las circunstancias del Momento. En el siglo XIX aparece la figura de san Juan Bosco, propuesto por el Papa Juan Pablo II como “padre y maestro de la juventud”.
Fundador de los salesianos, su carisma se extiende mucho más allá de su instituto e influye poderosamente en la labor educativa de la Iglesia siendo un referente para todos los educadores cristianos.
En la vida de Don Bosco la experiencia y el amor a Dios se funden en una armónica unidad de tal manera que para él, la dedicación a los adolescentes y jóvenes, que podían poner fácilmente en peligro la salvación de las almas, no se distingue de la relación intima que mantiene con Dios.
Es también un santo peculiar por cuanto su vida estuvo acompañada por hechos extraordinarios, entre ellos muchos sueños premonitorios y la capacidad para conocer el estado del alma de las personas, pero que, en él, no rompen con lo ordinario de su vida ni su actividad pastoral. Lo extraordinario y lo ordinario se funden en una preciosa unidad resaltando en él lo que es común a todos los santos.
Muchos lo conocen por su método preventivo en el que el amor previsor se imponía al castigo. Era preferible evitar la caída de los otros a tener que corregirla con la sanción. En el libro que presentamos se nos da la posibilidad de adentrarnos en su alma, no sólo en lo que tiene de singular sino también como propuesta para nuestra vida espiritual. El autor ha elegido un lenguaje en primera persona, como si el mismo santo se dirigiera a nosotros. Y así, aunque las citas no siempre son exactas, parece que sí el espíritu de lo que dicen, facilita el encuentro con este maestro de nuestro tiempo.
Una de las características de la propuesta de Don Bosco es la insistencia en la alegría. No se puede ser santo si se renuncia a la alegría, a saber aprovechar los dones que Dios ha puesto a nuestro alcance y que nos son ofrecidas para alabarle a Él pero también para nuestro goce. Pero sobresale también su amor a la Virgen, en la advocación de María Auxiliadora, y a la Iglesia.
Estar alegre y hacer el bien fue el programa con el que el joven sacerdote Don Bosco inició su ministerio sacerdotal y siguen siendo un excelente camino para todos nosotros. Por poco que se ahonde en ellas se descubre su fundamento en el amor de Dios Padre y su identificación con Jesucristo.
San Juan Bosco nos muestra la alegría de Dios y es un bálsamo para nuestros en este tiempo trepidante e incierto. Estos quince días bajo su guía y a su lado proporcionan un a verdadera renovación del espíritu.
DON BOSCO. Quince días con...
Robert Schiélé
Ciudad Nueva
Madrid, 2007
122 páginas