Pweriodismo Digital, 07/10/07
Nuestro compañero Bruno, en espada de doble filo, pide relatos de conversiones. Es lógico, vale más un ejemplo que muchos artículos sobre la fe. Por eso también es importante encontrar vivencias de gente que perdió la fe en algún punto de su vida, o que vio como se enfriaba su relación con Dios. Yo sugiero la lectura “La conversión de los buenos” de Atilano Alaiz, está publicado en ediciones paulinas.
Los buenos, somos los creyentes practicantes, y se nos pide como en el Salmo “no endurecer nuestro corazón”. Vivir un cristianismo a la carta, es lo más común entre los buenos. En nuestros blogs acude mucha gente discrepante con la Iglesia que no con la fe. En realidad piden una renovación de la Iglesia que les permita sentir al cien por cien que son coherentes con su vida. De manera que van viendo la paja en el ojo ajeno, encerrándose en los errores del pasado o del presente, de ciertas personas de la Iglesia o de las estructuras donde se asienta.
Nos gustaría encontrar la fraternidad cristiana de los primeros tiempos. La pregunta que yo me he hecho en muchas ocasiones es: ¿Hubiera sido de quienes dejaban todo para seguir a Jesús?. O formaría parte de esos que se alejaron cabizbajos porque tenían mucho que perder. O porque no sabían agradecer ni siquiera a quien los había curado de sus males. Pues bueno, soy incapaz de arriesgarse a decir un sí definitivo. Porque también yo, como muchos otros, adecuo el cristianismo a mi vida.
“No podemos decir que hemos dejado al Señor verificar en nosotros el milagro de la conversión hasta que no nos hemos concienciado íntimamente de que somos convertidos para convertir, para ser mediadores de la conversión de otros, para ser trabajadores del Reino.
Los cristianos, impregnados de la mentalidad ambiental, tan posesiva, consideramos la fe, los bienes del Reino, la conversión, como propiedad estrictamente privada, como nuestro coche, nuestro piso o nuestra prendas de vestir. Pues bien, hay que afirmar que la gracia de la conversión, lo mismo que la fe, más que un privilegio personal es una responsabilidad social.
“No me elegisteis vosotros a mí, - advierte Jesús a sus discípulos- , fui yo quien os elegí a vosotros,” agrega “ Y os destiné a que os pongáis en camino y deis fruto, y un fruto que dure” (Jn 15, 16)....
Cuando alguien ha sido tocado por la acción del Espíritu en la médula de su alma, se plantea inevitablemente la cuestión vocacional, si no la tiene todavía definitivamente definida; y si ya es sustancialmente invariable, se plantea nuevas formas de servicio al Reino. Es una señal de autenticidad de la conversión”)....
Yo les invito a leer este libro, donde se van encontrando relatos de creyentes que viven una fe aletargada o discrepante. Hasta que un día se encuentra cara a cara con Dios. Entonces ya no importa nada. Aunque lo que suceda en la Iglesia, nos duela. Sentimos que formamos parte de ella y sufrimos y gozamos alternativamente por sus logros y por sus errores.
Y vuelvo a pedir que recen el rosario, que se pongan en la mano de María, madre y abogada nuestra. Que confíen. La fe es confiar, seguir aunque exista el silencio de Dios. Creer más allá de lo constatable. La fe es un don que hay que pedir, suplicar que se aumente y gozar cuando se tiene.
Feliz día del Señor.
Carmen Bellver