ForumLibertas, 1012/07
ForumLibertas ha recibido una carta del psiquiatra Jaume Cañellas Galindo, que trabajó en un centro de abortos examinando los "riesgos psíquicos" para las gestantes. Publicamos su carta a continuación:
El centro de abortos de Girona donde trabajé no es propiedad del Doctor Carlos Morín. Es necesario decirlo para que vean que lo de Morín no es, ni mucho menos, un caso aislado.
Es ese centro de abortos de Girona tuve la desgraciada experiencia de ver lo inhumanos y fraudulentos que son los "aborteros".
En España legalmente no somos "persona" hasta estar fuera del útero materno al menos 24 horas vivos. El concepto médico y científico de la viabilidad extrauterina, que es casi segura a partir del sexto mes de embarazo, está olvidado por la ley en cuanto a la consideración de "persona" del feto.
La mayoría de los abortos se hacen por motivos de conflictos de pareja (incluida la violencia de género) y/o sociolaborales y económicos. Cerca de la mitad de las mujeres que abortan en España son inmigrantes sin información y sin recursos económicos. No abortan por los motivos psiquiátricos falsos en los que se escudan estos "aborteros".
Nuestros gobiernos (Marina Geli, en la Generalitat, y ahora Bernat Soria en el Ministerio) no han querido hacer acuerdos públicos concertados con servicios de psiquiatría públicos, cómo ocurre con la red de asistencia a las personas con alcoholismo y toxicomanías, por ejemplo. No han recurrido a equipos médicos públicos especializados, con un sueldo fijo público y un control de calidad por inspecciones sanitarias (a ser posible no politizadas).
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Hacen "acreditaciones" a centros privados que solamente con un "dictamen" impreciso, impersonal, burocrático, estandarizado y sistematizado (hecho por un profesional pagado por el mismo centro privado de abortos) de "grave RIESGO para la salud psíquica de la embarazada" (en vez de un diagnóstico psiquiátrico concreto y personalizado, validado internacionalmente, CIE 10 por ejemplo, dentro de las patologías psiquiátricas graves que podrían llegar a justificar algún aborto), con lo que más del 95% de los abortos, hasta los nuevo meses de embarazo, se hacen con estas excusas psiquiátricas.
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Y se cobran sumas cada vez mas elevadas si la edad gestacional se acerca a los nueve meses. Así se engordan esta especie de franquicias de mataderos humanos privados "acreditados por el Gobierno" y arruina a las mujeres y a sus familias, en todos los sentidos.
A estas mujeres no las informan, no las ayudan en sus dudas, sus angustias, sus sentimientos ambivalentes, sus tristezas, ni las acompañan en su duelo. Son clientas. Por mucho dinero las hacen abortar y al cabo de unos cuántos minutos las mandan a su casa y poco más. Imagínense una mujer danesa, francesa o inglesa, una hora despues de abortar un hijo de siete u ocho meses, volviendo a su país sola y sin saber que hacer.
Habría que informar mejor a las mujeres (muchas de ellas inmigrantes y sin información suficiente sobre las posibilidades a las que tienen derecho en nuestro país) de los métodos anticonceptivos, sobre los riesgos psíquicos y físicos de un aborto en los últimos meses del embarazo, mas información sobre planificación familiar, mas ayudas psicológicas, psiquiátricas, sociales y económicas, y una mayor información sobre alternativas al aborto, como el acogimiento durante el final del embarazo y la adopción (simplificando los trámites administrativos y favoreciendo la adopción nacional, sin descartar la internacional obviamente).
Los extremismos no son sanos. Las mujeres y los hombres nos merecemos unas leyes más reales, más sanas y más humanas.
Saludos cordiales, Jaime Cañellas Galindo
El pasado 3 de diciembre ABC el doctor Jaime Cañellas contaba su experiencia al diario ABC. Trabajó siete meses, entre 2004 y 2005 en una clínica abortista de Gerona, que también tiene sedes en Barcelona y Palma de Mallorca. La clínica le fichó mediante contrato mercantil: él acudía un día a la semana, sólo 2 horas, y cobraba 17 euros por cada informe psiquiátrico que realizase. A los tres meses, harto de irregularidades, empezó a pensar en irse.
A continuación, reproducimos parte del artículo de Janot Guil para ABC que resume la breve experiencia del doctor Cañellas en el sector del aborto:
Según explicó a ABC, él, como el resto de psiquiatras a sueldo del centro, recibían coacciones y presiones de los propietarios de la clínica para que avalaran con sus informes los abortos. Incluso le ponían sobre la mesa un texto de informe «estandarizado» —«La mujer presenta un cuadro...»—, en el que sólo quedaba por poner el nombre de la paciente y su firma como especialista.
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«Yo me quejé. Les comenté que eran informes poco específicos. Pero a ellos sólo les importaba maximizar los beneficios», explica. De buenas a primeras, comenzó a recibir broncas de sus jefes por su «exceso» de celo profesional, que a veces se traducían en informes manuscritos que él añadía al texto fórmula, y por enviar a mujeres a casa tras disuadirlas de abortar. «Me gané la fama de disidente y cada vez me dejaban visitar a menos mujeres», afirma Cañellas, quien ilustra su queja con un ejemplo descorazonador.
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«Algo podrás encontrar»
«Un día —relata— me vino una mujer embarazada de siete meses diciendo que quería abortar porque su marido la presionaba a que lo hiciera. La había sentenciado con un ultimátum: “O abortas o te dejo”. La mujer no sufría ningún trastorno grave, más allá de su lógica preocupación, y le dije que lo meditara. Incluso le comenté si no sería mejor que dejara a su marido...».
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Finalmente, la mujer se marchó a casa y a Cañellas le cayó otra bronca. Uno de los propietarios de la clínica le espetó: «Ya que ha venido, apriétala para que aborte». Y a renglón seguido otras lindezas como «pues algo tiene que tener la mujer» o «algo podrás encontrar, está deprimida».
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Cañellas se fue de la clínica en 2005 mordiéndose la lengua, pero finalmente se decidió a explicar públicamente su caso en junio de 2006. Fue entonces cuando el Partido Social Europeo presentó ante la Guardia Civil un escrito en el que denunciaba, entre otras cosas, que habían llegado a su poder certificados de psiquiatras que trabajaban para la clínica donde había estado Cañellas firmados en blanco y sin el nombre del paciente. Uno de estos certificados llevaba la firma, falsificada, de Cañellas. El caso sigue sin esclarecerse.
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A raíz de esta revelación, este psiquiatra estalló y denunció su historia. Lo hizo en algunos medios de comunicación, que no en los juzgados, porque no se ve capaz de enfrentarse cual «quijote» contra las clínicas y «porque las irregularidades que vio son muy difíciles de demostrar».
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La Generalitat no vio nada
A la postre, sus críticas sí llegaron a oídos de la Generalitat, pero la respuesta que allí encontró fue aún más desalentadora. El pasado febrero, le citaron a declarar ante unos inspectores del Departamento de Salud, que le sometieron a un interrogatorio «como si yo fuera el culpable.». Luego, meses después, la Generalitat le respondió que habían inspeccionado la clínica y no habían hallado ninguna irregularidad.
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Desengañado y rendido, Cañellas sigue ahora trabajando en su consultorio privado; ya ni se plantea volver a estar en una clínica abortista. Al menos, avista un futuro más esperanzador después de que lo sucedido con Morín haya abierto los ojos a muchos.