Forum Libertas, 21/12/07 -
Uno de los mayores argumentos contra el monoteísmo (porque el politeísmo no conoce este problema) es la existencia y extensión del mal. Aunque el problema es antiguo cobra vigencia a partir de la Teodicea de Leibniz y su pregunta sobre si nuestro mundo es el mejor de los posibles. Como es sabido Voltaire se burló del filósofo racionalista en su Cándido, y desde entonces la Teodicea ha seguido un camino de desprestigio. Buen testimonio de ello es la obra de Estrada, La imposible teodicea.
Kreiner considera que el debate no puede dejarse ahí porque es contradictorio sostener la fe en un Dios personal (el cristiano) y, al mismo tiempo, no intentar conciliar con esa afirmación el sufrimiento que domina el mundo. Por ello se resiste a la muerte de la Teodicea e intenta una argumentación. Para ello elige el camino de la filosofía analítica, que es quizás donde el debate se ha mantenido más vivo.
También lo hace, nos dice, porque facilita la claridad y fijar bien los puntos de la argumentación eludiendo el lenguaje poético. Sucede que, desde esa argumentación arrasa también con la metafísica llegando a afirmaciones sorprendentes como la posibilidad de entender el bien como privatio mali (p. 167), lo que no resiste el más mínimo análisis metafísico aunque pueda sostenerse en una argumentación lógica de enunciados.
Pero la razón de esta reseña no es señalar los límites del libro sino señalar su oportunidad. Porque entre las publicaciones actuales esta afronta el problema en toda su radicalidad. Ello le vale algunas críticas, a las que el autor sale al paso. La más frecuente es la menos sólida. Se basa en que el autor se mueve en lo teórico descuidando la praxis. Lo cierto es que, como él mismo señala, toda praxis se sustenta en una teoría y es absurdo renunciar al marco conceptual en nombre del compromiso, porque este sólo es posible sobre una concepción previa.
Kreiner sale también expone las posiciones de las concepciones dualistas, de la teología de los procesos, y algunas más clásicas, como la ya mencionada de la privación del bien que parte de san Agustín y conoce un largo recorrido en la historia del pensamiento.
Pero su punto fuerte está en el “argumento del libre albedrío”. Este es el punto más difícil pues trata de si es bueno que Dios haya creado a seres capaces de tomar decisiones que ocasionan males tan graves. Obviamente se refiere a los hombres. Además el argumento se complica al intentar conciliar esa libertad con la absoluta inocencia de Dios sin quitarle ni su omnipotencia ni su omnisciencia.
El libro nos trae toda una argumentación seria y exhaustiva sobre el misterio del mal y del sufrimiento y, sobre todo, la convicción de que sigue siendo posible afirmar la existencia de un Dios personal bueno a pesar de los muchos males con los que nos encontramos. La obra va dirigida a un público formado, especialmente en filosofía y teología y, sin ser concluyente, introduce numerosos elementos de discusión ausentes en los debates sobre el tema que se siguen en nuestro país.
DIOS EN EL SUFRIMIENTO
Armin Kreiner
Herder
Barcelona 2007
541 páginas