Forum Libertas, 23/02/08 -
Tras varias obras fruto del devaneo con el mercado, Lipovetsky intenta reencontrarse consigo mismo, con sus primeras obras que señalaron un hito en la forma de escribir y transmitir los análisis sociológicos.
En los últimos años, Lipovetsky nos había acostumbrado a relatos cortos, repetitivos y a gusto de las editoriales. Ahora encontramos en estas páginas un intento de refundar su pensamiento atendiendo al futuro de la sociedad de “hiperconsumo”.
El panorama es el siguiente:
“El materialismo de la primera sociedad de consumo ha pasado de moda: actualmente asistimos a la expansión del mercado del alma y su transformación, del equilibrio y la autoestima, mientras proliferan las farmacopeas de la felicidad.
En una época en que el sufrimiento carece totalmente de sentido, en que se han agotado los grandes sistemas referenciales de la historia y la tradición, la cuestión de la felicidad interior vuelve a estar sobre el tapete, convirtiéndose en un segmento comercial, en un objeto de marketing que el hiperconsumidor quiere tener a mano, sin esfuerzo, enseguida y por todos los medios”.
El consumidor ya no desea la opulencia y la cantidad por sí mismas, sino que busca y rebusca la felicidad en los “pequeños momentos” y sutiles placeres que le otorga el mercado. Además, necesita constantemente reinventarse y rehacer su desgraciado destino.
Por eso, “la sociedad del hiperconsumo funciona como una sociedad de desorganización psicológica que precipita numerosos procesos de relanzamiento o redinamización subjetiva”.
Esta hiperindividualización, ya tratada en numerosas obras del mismo autor, ha provocado que “el tiempo de las revoluciones políticas ha concluido; ante nosotros tenemos el de la reestabilización de la cultura consumista y el de la reinvención permanente del consumo y los estilos de vida”.
La sociedad de hiperconsumo es una extraña mezcla entre lo original y la homogeneización. Esta dinámica abarca a todos los aspectos del consumo y engulle incluso al arte:
“Las calles comerciales, los centros turísticos, las tiendas de arte y artesanía ofrecen en todas partes los mismos artículos kitsch, la misma bisutería, las mismas estatuillas exóticas. Paralelamente, la actitud propiamente estética o contemplativa ha sido sustituida por un consumo de imágenes continuamente renovadas que se miran menos que se engullen a gran velocidad.
Sea ante el televisor o en el museo, se impone el hiperconsumidor con su zapeo, su bulimia despreocupada, su curiosidad superficial o turística. Triunfo de lo comercial, lo desechable, la dispersión”.
La lectura de Lipovetsky, como siempre, le convence a uno que la sociedad se ha descontrolado y que algo no funciona.
Sin embargo, Lipovetsky, enfermo de optimismo, siempre quiere dejar al lector satisfecho con la situación actual. Sí, uno pasa del convencimiento de que esta sociedad es un desastre, a convencerse de que es el mejor mundo posible.
El argumento es que la sociedad de hiperconsumo nos aleja de las tiranías y no nos acerca –según su parecer- al nihilismo autodestructor. Supongo que el tiempo dirá si está equivocado o no.
La felicidad paradójica. Ensayo sobre la sociedad de hiperconsumo
Gilles Lipovetsky
Traducción: Antonio-Prometeo Moa
Anagrama,
Barcelona, 2007
399 páginas