Análisis Digital, 07/07/08 - Con benevolencia, no pocas veces afectada, se reconocían sus aportes a la doctrina inmaculista. Si bien es cierto que es el gran argumentador a favor de la Inmaculada Concepción de María cabe decir al respecto que la suya no es una mera posición piadosa fruto más del deseo que de la especulación rigurosa. Bien al contrario, atiende el beato franciscano a las razones de congruencia teológica y de posibilidad basándose no sólo en la Omnipotencia divina sino en el mismo hecho de la Encarnación. Convenía a la unión hipostática que la Madre de Dios fuera redimida antecedentemente, en previsión de los méritos de su Hijo. Cuando siglos más tarde la Iglesia proclame solemnemente este dogma (1854), recogerá la que ahora nos parece sencilla argumentación, pero que Duns Escoto hubo de enhebrar en contra de toda la tradición y de las opiniones de escuela que se defendían en su época.
Pero, como se apunta en la luminosa introducción a las distinciones escotistas que se recogen en este volumen, en nuestro autor la centralidad debe buscarse en la cristología. Como consecuencia de esta llega, en la escuela de la devoción mariana inspirada en san Francisco, a comprender la importancia de María partiendo de la afirmación fundamental que es a de reconocerla como Madre de Dios. De ahí su virginidad y, como verá Escoto, también su concepción inmaculada.
Pero en Cristología Escoto acentúa que todo ha sido creado en orden al Verbo y que el mismo Dios infinito es amada de modo sublime por el alma del Verbo encarnado, al tiempo que toda la creación tiende a Él para dar gloria al Padre. Probablemente hoy nuestra sensibilidad espiritual sea mucho más sensible y permeable a esas intuiciones. Lo mismo cabe decir, como se apunta en la introducción, a la consideración de Dios como Infinito, en lo que se distingue de cualquier criatura, por definición finita.
Cabe alegrarse de esta edición, que además está muy cuidada, tanto en el estudio introductorio de José Antonio Merino como en la traducción y comentarios de Alejandro Villalmonte. Nos ofrece una manera no excesivamente ardua de trabar conocimiento de un gran teólogo al que no siempre se le ha reconocido el lugar destacado que merece.
David Amado
Autor:.........Juan Duns Escoto
Editorial:.....BAC