La Nación, 13/07/08 - Inés Catalán Pellet pasó de ser hija única a madre múltiple. De chica, nunca compartió un juguete, el cuarto ni la ropa con un hermano. Ni protagonizó una pelea de ésas con gritos y llantos desesperados que a los padres tanto preocupan. Más bien, aprendió a jugar y a divertirse sola, a pesar de que en su casa siempre había mucha gente. "Por suerte mi mamá se encargó de que yo no estuviera sola y pasara tiempo con amigos con quien compartir mis cosas", dice.
"Ella no quería que por ser hija única fuera una chica malcriada. En ese sentido no sentí nunca una carencia, pero de todas maneras siempre quise tener hermanos porque la relación que establecés con ellos es diferente de la que tenés con un amigo."
Por eso, Inés creció con el sueño de formar una familia numerosa, con muchos hijos. Diez, si era posible. "Siempre anhelé eso. Cuando me preguntaban qué iba a ser de grande, contestaba sin dudar «mamá». Mi mejor amiga tenía doce hermanos, y a mí me encantaba ir a su casa, me divertía como loca. Ese lugar siempre era un lío de chicos y para mi futuro quería eso: una familia muy numerosa." Inés se casó con un hombre que le dio el gusto (su marido, a su vez, tiene cinco hermanos) y hoy tienen diez hijos. El año pasado había llegado el undécimo, pero falleció.
Josemaría, de tres años, es entonces el último, el décimo heredero Catalán Pellet y el invitado a la gran foto de los número diez. "Mis hijos nunca están solos, siempre están acompañándose. También se pelean mucho y eso me costó bastante entenderlo porque yo toda la vida soñé con tener hermanos. Y si los hubiera tenido, los hubiera matado, pero a besos."