MADRID, 18/07/08 (La Razón) - Muchos son los que han oído hablar de la medalla milagrosa. Sin embargo, pocos son los que conocen su historia. En número 140 de la calle del Bac, en pleno centro de París, se encuentra la casa madre de Hijas de la Caridad, que fundaran san Vicente de Paúl y santa Luisa de Marillach. En 1830 habitaba esta casa una novicia llamada sor Catalina Labouré, a quien la Santísima Virgen confió un mensaje. El 27 de noviembre de 1830 sor Catalina escuchó una voz en su interior que decía: «Haz que se acuñe una medalla según este modelo. Todos cuantos la lleven puesta recibirán grandes gracias. Las gracias serán mas abundantes para los que la lleven con confianza». Entonces se creó una forma ovalada en torno a la Virgen y en el borde interior apareció escrita la siguiente invocación: «María, sin pecado concebida, ruega por nosotros, que acudimos a ti».
Con ocasión del centenario de la aprobación pontificia de la Asociación de la Medalla Milagrosa, el superior general de la congregación de la misión y de las Hijas de María y director general de la Asociación de la Medalla Milagrosa, ha escito una carta de invitación a celebrar el año jubilar. La carta a la familia vicenciana inicia con estas palabras: «Cien años peregrinando con María, unidos con Jesús en los pobres, por medio de la medalla milagrosa». La carta del superior general invita a todos los miembros de la Asociación y otros miembros de la familia de san Vicente de Paul «a desarrollar actividades para promover una mayor devoción a nuestra Madre María y el amor a los pobres, haciendo todo lo que hacemos para el mayor honor y gloria a nuestro Dios».