Periodista Digital, 23/07/08 - Mucha gente se pregunta si Jesús hubiera aceptado celebrar la Última Cena con un cáliz de oro, dado que se da por supuesto que lo que usó fue un vaso de barro o algo semejante.
La cuestión sobre el Vaticano, como acumulación de belleza, y la legitimidad de su existencia se responde según contestemos a la pregunta anterior.
Lo primero que hay que tener en cuenta es que la Última Cena fue una cena que fue una celebración ritual, no una mera cena. Los que quieren hacer de la misa una simple comida de fraternidad y se molestan de los aspectos rituales, desconocen la naturaleza de la Pascua judía tal como se celebró desde las primeras generaciones que entraron en la Tierra Prometida.
Lo segundo que hay que tener en cuenta respecto al cáliz, es que los judíos de esa época, la de Jesús, como los de todas las épocas, usaron para sus actos rituales familiares del kidush los elementos más bellos, ricos y más finamente trabajados que pudieron permitirse.
Afirmar que un carpintero no hubiera usado más que un vaso de barro, es desconocer que incluso en las familias de los carpinteros usaban para la cena del Sabbath la mejor copa, o el mejor velo para cubrir los panes.
Así que cuando dicen eso del vaso de barro de un carpintero en la cena de Pascua, hablan del judío imaginado, sin conocer la inagotable variedad de bellísimos vasos rituales que nos han quedado desde hace siglos.
Los judíos de todas las épocas, por pobres que fueran, se esforzaron por ofrecer lo mejor en honor del Elohim que mandó construir un templo que era lo mejor que técnicamente pudo erigir el Pueblo Elegido en ese tiempo.
Una vez respondida la pregunta acerca de este asunto, cáliz de oro o vaso de barro, que puede parecer sin importancia, queda respondida la pregunta acerca de si la belleza del Vaticano es una traición o no a la Revelación de ese Dios misterioso del desierto.
Frente a la retórica contemporánea, hay que decir de forma bien clara que esa romana acumulación no de riqueza, sino de belleza, se justifica de forma bien fácil. En el campo de la retórica son muchos los que atacan al Vaticano contraponiéndolo a los pobres. Como si desde el siglo XVI la obra de arte siguiera apretando su bota sobre el cuello del pobre. Pura retórica, puras palabras. Cuando la verdad es que al Vaticano hay que defenderlo en el campo de las ideas y al pobre en el mundo real.
No hace falta que defendáis al pobre con discursos. Si todo el mundo está de acuerdo en eso. No, no perdáis el tiempo. Al pobre hay que defenderlo en el mundo real. Mientras que al Vaticano de galerías de mármol y fuentes renacentistas hay que defenderlo en el mundo de la teoría, porque en el mundo real ya se defiende muy bien a sí mismo.
Blog del P. Fortea.