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El Testigo Fiel
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Actualidad: Noticias:
Buscador simple (o avanzado)
El buscador «simple» permite buscar con rapidez una expresión entre los campos predefinidos de la base de datos. Por ejemplo, en la biblioteca será en título, autor e info, en el santoral en el nombre de santo, en el devocionario, en el título y el texto de la oración, etc. En cada caso, para saber en qué campos busca el buscador simple, basta con desplegar el buscador avanzado, y se mostrarán los campos predefinidos. Pero si quiere hacer una búsqueda simple debe cerrar ese panel que se despliega, porque al abrirlo pasa automáticamente al modo avanzado.

Además de elegir en qué campos buscar, hay una diferencia fundamental entre la búsqueda simple y la avanzada, que puede dar resultados completamente distintos: la búsqueda simple busca la expresión literal que se haya puesto en el cuadro, mientras que la búsqueda avanzada descompone la expresión y busca cada una de las palabras (de más de tres letras) que contenga. Por supuesto, esto retorna muchos más resultados que en la primera forma. Por ejemplo, si se busca en la misma base de datos la expresión "Iglesia católica" con el buscador simple, encontrará muchos menos resultados que si se lo busca en el avanzado, porque este último dirá todos los registros donde está la palabra Iglesia, más todos los registros donde está la palabra católica, juntos o separados.

Una forma de limitar los resultados es agregarle un signo + adelante de la palabra, por ejemplo "Iglesia +católica", eso significa que buscará los registros donde estén las dos palabras, aunque pueden estar en cualquier orden.
La búsqueda admite el uso de comillas normales para buscar palabras y expresiones literales.
La búsqueda no distingue mayúsculas y minúsculas, y no es sensible a los acentos (en el ejemplo: católica y Catolica dará los mismos resultados).

Elisa y Begoña, dos mujeres ante la encrucijada del aborto

14 de diciembre de 2008
Dos casos reales, contados por sus protagonistas.

MADRID, 12 DE DICIEMBRE DE 2008.- La asociación Trisomía 13, Trisomía 18 y Otras Malformaciones Genéticas ha cedido a Derecho a Vivir (DAV) los testimonios de dos mujeres que han pasado por la encrucijada del aborto.  Elisa y Begoña conocieron, mediante las técnicas de diagóstico prenatal, que sus hijos padecían Trisomía 18, malformación con un alto riesgo de mortalidad durante el primer año desde el nacimiento. Han escrito sobre su experiencia con el fin de ayudar a que se conozca con precisión el drama personal que hay detrás de cada aborto.

Elisa: "Sé que me pase lo que me pase en esta vida, no habrá nada que me pueda doler tanto. Sin duda alguna, el aborto es algo muy traumático para el cuerpo, pero sobre todo para la mente"

Begoña: "Los médicos tuvieron que reanimarle nada más nacer. A partir de ahí, vivió apenas 2 meses. Lamentablemente no pudimos llevarle a casa con nosotros. Sin embargo, podíamos estar con él en el hospital donde estuvo magníficamente cuidado con toda clase de mimos y atenciones. Pudimos cogerle y abrazar su cuerpo diminuto. Dejarnos llevar por su paz, por su enseñanza de lucha por la vida; entendimos el valor del momento presente y la futilidad de los planes, entendimos el verdadero sentido de ser padres, del amor incondicional"

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Elisa: "Ahora sé que el aborto nunca es una solución, es solo el inicio de un problema mucho mayor"

Para empezar, siempre he sido y soy totalmente contraria al aborto, y para continuar, mi marido y yo somos una pareja con problemas de fertilidad, así que parecía inimaginable que que nosotros pasáramos por una interrupción de embarazo, sin embargo, ironías de la vida, aquí estoy contando mi triste experiencia.

En mi cuarta fecundación in vitro conseguí finalmente quedarme embarazada. La alegría que sentíamos era indescriptible, recuerdo esos primeros momentos del embarazo como la época más feliz de mi vida. 

En la eco doppler de las 12 semanas se detectaron problemas, el feto era muy pequeño para la edad gestacional, se movía muy poco, tenía el pliegue nucal un poco aumentado y ductus venoso reverso (es un indicador que suele ir asociado a malformaciones cardíacas y a alteraciones cromosómicas). Me salió riesgo alto de síndrome de down, fue un golpe duro, lloramos un montón, pero lo fuimos aceptando, estábamos decididos a continuar con el embarazo y sacar adelante a nuestro hijo.

Era un dolor muy grande, pero lo podíamos asumir. Hicimos la amniocentesis para estar seguros y estar preparados para cuando naciera la criatura, pero el resultado fue algo que nunca hubiéramos imaginado, tenía trisomía 18 y nos dijeron que era incompatible con la vida.

Cuando me comunicaron el resultado yo dije que continuaría mi embarazo y mi hijo viviría lo que Dios quisiera, pero los médicos me dijeron que debía abortar.

A pesar de mi idea inicial, acepté someterme a un aborto que fue practicado sólo dos días después de conocer el diagnóstico de mi bebé. Sentí pánico ante la enfermedad de mi hijo, y el aborto era la solución. 

Ahora sé que el aborto nunca es una solución, es sólo el inicio de un problema mucho mayor, aprender a vivir sin tu hijo y sabiendo que no está a tu lado porque tú has decidido matarlo.

Todo lo que ocurrió, desde el momento en que salí de casa hasta que salí del hospital tras la interrupción, está grabado en mi mente de una manera que jamás se podrá borrar. Estuve muy sedada, pero a pesar de eso lo recuerdo todo.

En el último momento, me anestesiaron totalmente, así que ni siquiera llegué a ver a mi bebé. Desde el mismo instante en que me desperté de la anestesia, fui consciente de la barbaridad de lo que acababa de hacer y me arrepentí profundamente de lo que había hecho. No podía entender cómo pude hacerle esto a mi propio hijo, debía haber dejado que viviera el tiempo que Dios tuviera dispuesto.

Al principio me sentía tan mal que creía que me iba a volver loca. Es lo más horrible que alguien pueda experimentar, es un dolor con mayúsculas. 

Sé que me pase lo que me pase en esta vida, no habrá nada que me pueda doler tanto. Sin duda alguna el aborto es algo muy traumático para el cuerpo, pero sobre todo para la mente. Mi cuerpo se recuperó, pero en mi mente mi hijo siempre está y estará presente y una pena muy profunda me acompaña siempre. 

Qué mejor que cuidar a mi hijo enfermo podría haber hecho yo en esta vida, el tiempo que hubiera sido, unas horas, unos días, unos meses. Acompañarle y mimarle hasta el último momento. Hacerle sentir que era querido. Pero en vez de eso lo eché de mi vida. Me siento una mala madre y una mala persona. 

Ahora intento ser de nuevo madre a través de la adopción, hace más de dos años que empecé los trámites y aún estoy en el punto de partida con muchos años por delante para alcanzar el objetivo. 

Mientras, escucho las estadísticas sobre el aborto en España. Si estos niños no fueran abortados no existirían estas tremendas listas de espera para adoptar. No tiene ningún sentido que mueran unos niños que serían muy, muy deseados en muchos hogares.

En alguna ocasión alguien me ha dicho que es muy traumático para una madre dar a su hijo en adopción y que por ello es preferible que aborte cuando se encuentra en una situación en que no puede criar a su hijo.

Sé por experiencia lo terrible que es pensar que tu hijo no vive porque tú lo has decidido y creo que para una madre siempre es mejor saber que tu hijo está vivo, aunque no esté contigo, que saber que nunca lo vas a ver, que nunca va a sentir lo que es ser querido, mimado, besado porque tú no le has dejado vivir.

Espero que mi experiencia sirva a alguien a replantearse una decisión que no se puede tomar a la ligera, pues sus consecuencias para muchas personas son irreversibles y nefastas.

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BEGOÑA: "Decidimos seguir adelante con el embarazo y no dejarnos llevar por lo que a ojos del mundo es la solución"

Empezamos el embarazo con mucha ilusión. ¡La familia crece!

Los resultados de las primeras pruebas confirmaban que todo seguía su curso de manera  normal. Ni la menor sospecha de ninguna anomalía.

Llegó el segundo trimestre del embarazo, la semana veinte, y con ella más pruebas. El ecógrafo detectó algo extraño en el corazón de nuestro hijo y nos recomendó un estudio ulterior más profundo.  La ecógrafo nos dedicó mucho tiempo; con mucha calma y profesionalidad estudió cada parte del cuerpo de Juan Miguel, especialmente su corazón. "Su corazoncito es de libro. Lo tiene todo bien colocado. En principio no veo ninguna anormalidad" decía totalmente convencida.

Sin embargo, decidió insistir más y más para quedarnos seguros: "Vamos a recorrer su cuerpo: los pies, los deditos de los pies: uno, dos, tres, cuatro y cinco...bien. Las manitas, a ver, ¡uy, las tiene cerraditas! Espera que le voy a dar un golpecito a ver si las mueve y cambian de postura". La doctora le dio un golpe, dos, tres:" ¡Qué vago! No las mueve". Su tono de voz fue cambiando a un tono más preocupante. Lo que hasta ahora habían sido buenas noticias, exageraciones de otros médicos; se iba convirtiendo en una realidad dolorosa.

"Lo siento. La postura de las manos es indicativa de alguna malformación que conviene  determinar. Estás en la semana 23 del embarazo. Tienes que hacerte un FIS, no hay tiempo ni para una amniocentesis. El resultado estará en dos días. ¿A ver dónde te lo puedes hacer?"

Nosotros confusos, contrariados, angustiados, preguntamos: "pero, ¿prisa, prisa, por qué? "

A nuestra conversación se unió otra doctora que quería corroborar el diagnóstico. Y sin titubear, mirándome me dijo con toda la seguridad  "¿para qué le quieres llevarle en el vientre hasta el noveno mes de embarazo si es incompatible con la vida? En algunas clínicas practican el aborto hasta la semana 27 o 28. No hay tiempo que perder."....

Nos fuimos de allí cabizbajos, llorando. "¿Incompatible con la vida?..¿Qué quiere decir eso exactamente?" Las horas que sucedieron intentamos desgranar lo que significaba esa frase: ¿se asfixiará el niño según nace porque no podrá respirar?, ¿el aire y la luz exterior le irán deshaciendo como en las películas de ciencia ficción?

Decidimos hacernos la amniocentesis para conocer exactamente cuál era el problema que tenía nuestro hijo y saber a qué nos enfrentábamos y cómo podíamos ayudarle. El veredicto fue clave: "Trisomía 18". La esperanza de vida en el caso de los niños, poca muy poca, ni siquiera llegan al primer año de vida.

A partir de este momento, la mayoría de los comentarios de la gente más cercana iban encaminados a deshacerse del "problema". Todos se apoyaban en el cariño que nos tenían; todos nos quería ayudar: "¡Aborta, aborta, te lo digo con cariño!", "¡aborta!: ojos que no ven, corazón que no siente", "decide lo que quieras, pero después, no mires hacia atrás", "eres tú la que tienes que decidir porque lo llevas en tu cuerpo, el padre aquí no pinta nada", "piensa con la cabeza, no con el corazón", etc. 

Tantos mensajes nos hicieron titubear, y pensar si seríamos nosotros los equivocados, si nos estábamos comportando de manera egoísta, si llevaban razón y lo lógico sería acabar cuanto antes. En el fondo de todo esto había algo que no estaba bien:  "Pero si es nuestro hijo, ¿cómo le vamos a contar a su hermano que le hemos matado?".

Angustiados por vernos obligados a decidir sobre la vida de nuestro hijo, consultamos con el sacerdote de nuestra parroquia. El nos hizo ver las cosas desde otro punto distinto: "Haced siempre lo que vuestro corazón os manda, pero ¿por qué no aprovecháis lo que este niño os ofrece? Aunque sean sólo 10 minutos de vida; si la cortáis ahora no sabréis nunca que os pudo ofrecer. A lo mejor os perdéis una valiosa oportunidad."

Después de tres días eternos de angustia, decidimos seguir adelante y no dejarnos llevar por lo que a los ojos del mundo era la única solución. A pesar de ello, teníamos que seguir escuchando opiniones en contra especialmente de profesionales de la medicina: "¿Para qué provocarte el parto a pesar de que no crezca en tu seno? ¿Para qué vas a sufrir las contracciones con un niño como este?". "Este niño no tenía que haber nacido", etc.

Pero sí, nació. El momento del parto fue especialmente tenso. Yo estaba en el paritorio, escuchando las discusiones de los facultativos sobre si practicarme una cesárea o seguir con el parto natural; mientras a mi marido le llamaron aparte para clarificar si era consciente de las dificultades que traía el niño. Asimismo le pidieron su consentimiento para realizar la resucitación cardiopulmonar si el bebé lo necesitara. El padre afirmó que queríamos que le ayudaran lo más posible pero que no le hicieran nada que fuera agresivo, nada que le hiciera sufrir, solo le aplicaran los cuidados paliativos. 

Los médicos tuvieron que reanimarle nada más nacer. A partir de ahí vivió apenas 2 meses. Lamentablemente no pudimos llevarle a casa con nosotros. Sin embargo, podíamos estar con él en el hospital donde estuvo magníficamente cuidado con toda clase de mimos y atenciones.  Pudimos cogerle y abrazar su cuerpo diminuto. Dejarnos llevar por su paz, por su enseñanza de lucha por la vida; entendimos el valor del momento presente y la futilidad de los planes, entendimos el verdadero sentido de ser padres, del amor incondicional. 

Juan Miguel se fue apagando como una velita, hasta que nos dejó aquí en la tierra.

Han pasado 5 años y  podemos decir que no estamos traumatizados por el acontecimiento, ni lamentamos la decisión que tomamos. Es duro enterrar a un hijo, pero es consolador saber que está en el cielo velando por todos nosotros.

 

fuente: Hazteoir.og
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