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El Testigo Fiel
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Buscador simple (o avanzado)
El buscador «simple» permite buscar con rapidez una expresión entre los campos predefinidos de la base de datos. Por ejemplo, en la biblioteca será en título, autor e info, en el santoral en el nombre de santo, en el devocionario, en el título y el texto de la oración, etc. En cada caso, para saber en qué campos busca el buscador simple, basta con desplegar el buscador avanzado, y se mostrarán los campos predefinidos. Pero si quiere hacer una búsqueda simple debe cerrar ese panel que se despliega, porque al abrirlo pasa automáticamente al modo avanzado.

Además de elegir en qué campos buscar, hay una diferencia fundamental entre la búsqueda simple y la avanzada, que puede dar resultados completamente distintos: la búsqueda simple busca la expresión literal que se haya puesto en el cuadro, mientras que la búsqueda avanzada descompone la expresión y busca cada una de las palabras (de más de tres letras) que contenga. Por supuesto, esto retorna muchos más resultados que en la primera forma. Por ejemplo, si se busca en la misma base de datos la expresión "Iglesia católica" con el buscador simple, encontrará muchos menos resultados que si se lo busca en el avanzado, porque este último dirá todos los registros donde está la palabra Iglesia, más todos los registros donde está la palabra católica, juntos o separados.

Una forma de limitar los resultados es agregarle un signo + adelante de la palabra, por ejemplo "Iglesia +católica", eso significa que buscará los registros donde estén las dos palabras, aunque pueden estar en cualquier orden.
La búsqueda admite el uso de comillas normales para buscar palabras y expresiones literales.
La búsqueda no distingue mayúsculas y minúsculas, y no es sensible a los acentos (en el ejemplo: católica y Catolica dará los mismos resultados).

Toda oración da fruto

4 de abril de 2009
¿Qué tienen en común una religiosa de clausura, un conductor de autobús y una madre de familia?

Alfa & Omega, 02/04/09 - Si he de hablar sobre la oración, la única forma que tenemos las personas para hablar con Dios, pienso que puede ser interesante la opinión y las experiencias de quienes podrían considerarse como profesionales de la oración, pues los religiosos y religiosas contemplativos se apartan físicamente del mundo para entregarse en cuerpo y alma a Aquel de quien están enamorados, y ser, básicamente, el pulmón de la Iglesia, a través de quien respira, y a través de las cuales toma resuello y coge aire para sostenerse.

Pienso en la gente con la que me he cruzado mientras caminaba hasta el Primer Monasterio de la Visitación de Madrid. ¿Qué pensarán de todas estas mujeres? Quizá las toman por locas. ¿Cómo es posible un encerramiento semejante, sobre todo para hacer algo tan, aparentemente, monótono?

Me abre la puerta una religiosa joven y alegre, que me indica cómo pasar al locutorio. Allí espero, y al poco aparecen mis dos futuras entrevistadas, que han hecho una excepción para recibirme en Cuaresma, ya que no aceptan visitas en este tiempo.

Les pregunto por una definición de la oración, quiero saber en qué consiste, pero ellas puntualizan que «la oración y rezar son cosas distintas. Rezar es un ejercicio vocal, con preces ya compuestas. Nosotras, por ejemplo, rezamos el Oficio, y con él alabamos a Dios y nos sentimos parte de la Iglesia universal, que se une mediante estas oraciones comunes.

La oración, en cambio, es una conversación personal con el Señor, y, aunque vivimos en comunidad, se trata de algo individual. En la oración, a veces hablas con el Señor; otras veces estás callada, pero nosotras nunca nos aburrimos ni nos cansamos; al contrario, las horas se pasan volando. Todo esto, para quien no está enamorado, puede resultar muy pesado, pero se comprende si se piensa que uno no se cansa de estar con la persona que ama... Así, para nosotras, es como estar con nuestro marido».

Es cierto que puede haber momentos de aridez. A todo el mundo le pasa, religiosos, laicos, contemplativos... «Cuentan de santa Teresita de Lisieux, que la pobre se pasó una etapa de su corta vida mirando continuamente el reloj durante la oración» -me explican- ¡y es una santa! Tener aridez no es algo malo, siempre es querido por Dios, y lo mejor en estos casos es mantener la fe, y recordar que el verdadero motivo por el que se hace oración y se quiere hablar con Dios es por amor. Además, la oración más sabrosa es cuando estás amando, no hablando.

A veces se ve a un matrimonio mayor que puede pasarse una tarde entera sin dirigirse la palabra, porque quizá no tienen nada que decirse, y desde luego no podrían pasar el uno sin el otro. Cuando llevas muchos años rezando, lo mismo que cuando llevas muchos años casado con una persona, llega un momento en que no tienes más que estar ahí, no hacen falta grandes discursos, sino simplemente estar».

Muy bien, pero ese nivel de confianza y de trato con Dios, reconozcámoslo, es para nota. Cierto que los laicos también están llamados a ser contemplativos en medio del mundo, pero, en un mundo cargado de reclamos audiovisuales, trabajos, ocupaciones, es fácil perderse y tener que empezar de nuevo. En medio de la soledad del que está rodeado de gente, pero siente que le falta algo, la pregunta es, seguro, conocida por todos los lectores: ¿cómo hablar con quien no te está contestando? ¿Cómo confiarle a Él un problema cuando, a veces, parece no estar? Las entrevistadas parecen saber bien de qué hablo. ¿Será que no es la primera vez que les preguntan? «Nunca sabemos si aquello que estamos pidiendo nos conviene, en realidad.

A veces, el Señor permite que nos pasen las cosas para algo..., quizá para que tengamos más fe, o más confianza... Lo que nos sucede es siempre un misterio, y hay que aceptarlo. Debemos estar convencidos de que Dios es nuestro Padre y que quiere para nosotros lo mejor. Por otro lado, hay que pedir y orar. Y recordar siempre: la oración nunca se pierde, el Espíritu Santo no permite que la oración se quede sin fruto.

Orad constantemente, dice el Evangelio. Interiormente, además, es algo que fortalece la fe. No debemos cansarnos nunca, como no se cansó santa Mónica. Acudir a cada momento al Señor tendría que ser como respirar».

Me pregunto si estas religiosas tienen apoyos y amistades en el exterior. La verdad es que las observo hablar y parece que estuviera hablando con cualquier persona que está en la calle. ¿Es que esperaba que me hablaran en el español del siglo XIX? No, pero posiblemente esperaba menos información del exterior, más despiste crónico sobre el mundo en general. «Claro que vienen a vernos -me explican-.

Vienen nuestras familias, por supuesto, y muchos amigos... Nuestra vida tiene una mira universal; nos estimula constantemente rezar por la gente de fuera, por todos los pecados del mundo... Porque no se concibe una vocación contemplativa sin ser misionera, como no se concibe una vocación misionera sin ser contemplativa. El Papa dice que los religiosos contemplativos deben ser el pararrayo de la justicia de Dios.

o cierto es que viene mucha gente pidiéndonos que recemos por su marido, sus hijos, su familia..., y siempre pensamos: Yo, que no soy nada, tengo que presentarte, Señor, todas estas necesidades...Rezamos constantemente, con la peculiaridad de que no solemos ver el resultado de nuestros sacrificios, de nuestra inmolación. Pero, al mismo tiempo, esto mismo nos hace vivir más profundamente la confianza en Dios; cuanto menos sabemos, más aumenta nuestra fe y más nos abandonamos en el Señor. Todo siempre en beneficio de los hermanos, nunca en beneficio de cada una. Por eso, nos gusta pensar que, en la Iglesia, somos el corazón».

El hilo que une a todos :

Salgo del monasterio, que, por cierto, fue totalmente destruido por las llamas en el año 36, dándole vueltas a tantas palabras cargadas de sentido sobrenatural. Pienso en cuál es el hilo conductor que une una vida contemplativa con el estruendo de la calle y de la vida cotidiana.

¿Es posible ser contemplativo en medio del mundo? En medio de las noticias, del trabajo, los despidos... De las compras, las relaciones entre compañeros y familiares... Entonces pienso que el hilo que une a uno y a otros, en realidad, es mucho más grueso y fiable que el enclenque hilillo que yo suponía.

Es un hilo de silencio que apacigua e ilumina, un hilo que quien se agarra a él nunca se vuelve a soltar. Un hilo tejido de voluntad y gracia que ayuda a mantener la cordura y el sentido común, el menos común de los sentidos últimamente. Un hilo que puede hasta reírse de la crisis, de la Bolsa y de las intervenciones a los Bancos y Cajas de Ahorros.

Es el hilo del silencio y de la oración, del descubrimiento de las miserias particulares y de la Misericordia siempre infinita. Un hilo que encaja perfectamente, aunque pueda parecer paradójico, en la estructura de la sociedad actual. Orad constantemente. No cansarse nunca de buscar en el silencio del corazón lo que Dios está esperando contar.

A. Llamas Palacios

fuente: Alfa & Omega
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