Forum Libertas, 25/05/09 -
Robert Neumann (Viena 1897-Munich, 1975), es más conocido por sus trabajos periodísticos que por sus novelas. En 1933 huyó a Inglaterra, un año después de que los nazis prohibieran sus obras. Los niños de Viena fue originariamente escrito en inglés, y el mismo Neumann realizó la versión alemana.
En el libro se narra la historia de un grupo de muchachos que intentan sobrevivir en la posguerra. Encontramos a un niño de origen judío, Yid, dispuesto a hacer negocio con, aunque casi no alcanza a salir del sótano en que viven, una prostituta, Eve, que desearía cambiar de vida; Ate, otra muchacha que se cree la más lista del mundo y que denunció a sus padres a los nazis, y Goy, dedicado a robar. Hay también una pequeña niña, con la barriga hinchada y que pasa el día en el interior de una carretilla. Todos son huérfanos con terribles historias de los campos de concentración, de los abusos de los liberadores o de la tragedia misma de la guerra. Pero la misma situación de posguerra, con sus especuladores, la frialdad funcionarial de los nuevos ocupantes, el preludio de la guerra fría y las avenidas llenas de cascotes, no ofrece a los niños ninguna oportunidad. De ahí que no quede más salida que el robo, hacer la calle o el engaño.
Neumann consigue transmitir el horror de unas existencias deshechas, a las que han robado la infancia y han prohibido el futuro. Queda sólo un presente de sombras, de humor macabro, de habituarse a la muerte y de connivencia criminal. Precisamente la ironía, o el humor cuasi macabro en ocasiones, si por una parte nos permite soportar mejor lo que se relata, por otra es difícil sustraerse a la reflexión serena de las escenas contempladas y, más profundamente, captar el aparente triunfo del mal, que continúa reinando cuando ha sido aparentemente derrotado. La corrupción de la inocencia, la de los niños que difícilmente puede nunca ser culpable, hiere. Y eso lo hace Neumann en este relato que resulta estremecedor, a pesar de deslizarse fácilmente por las páginas.
El reverendo negro Hoseah Washington Smith entabla relación con los niños e intenta sacarlos del país. Es la única persona honrada que se permite Neumann en su relato y que arrancará también lo mejor del corazón de los niños. Será el mismo reverendo quien, en el momento culminante, improvisará un himno en el que se clama por la inocencia, la venganza que merecen los justos y el castigo que han de recibir quienes condenan a los hombres ya sea por la violencia del mal ya por la incapacidad para el bien.
El libro, que fue como un clamor, después de la Guerra, y no suficientemente bien acogido ni comprendido, tiene para nosotros el valor de un testimonio. Pensamos en quienes padecieron la guerra y olvidamos que su final no significa necesariamente la salvación de los hombres.
Robert Neumann
Los niños de Viena
Siruela
Barcelona 2009
216 páginas