Alfa & Omega, 16/06/09 -
Esta novela, basada en una historia real, va a conmocionar al lector. Y va a hacerlo en dos direcciones. En primer lugar experimentamos el dolor, y el horror, de una vida, la de Anne Sophie, que desde su infancia, se ve privada del afecto y es objeto de múltiples abusos.
Muchas cosas que nos pueden parecer antinaturales, como que unos padres retiren el amor a su hija, aparecen en este relato. Se nos muestran muchas conciencias perturbadas y espíritus mezquinos y depravados, que extienden su autodestrucción causando daño a los demás. La historia es de Anne Sophie, pero el lector padece por todos esos personajes, verdugos, que van interfiriendo en su historia y que son como grietas por las que se expande el mal del mundo. Si el relato se quedara aquí nos sumiríamos en la desesperanza y maldeciríamos a su autora por haberlo escrito. Un mal que no tiene remedio y que campa victorioso por el mundo ensuciando la inocencia de los niños y deformando a los adultos, no merece ser publicitado.
Pero la verdad de la vida, y de este relato es otra. Porque Anne Sophie, a pesar de los abusos recibidos, de un embarazo que no termino felizmente, de muchas relaciones peligrosas y nocivas, experimentó el triunfo sobre el mal. Y ese testimonio sí que merece la pena. Aparentemente el mal tiene todas las de ganar, y a su seducción sucumben muchos, que prefieren convertirse en cómplices antes de engrosar la lista de las víctimas. Sin embargo, la historia auténtica, que avanza inexorable es la de la victoria del bien sobre el mal y la muerte. De vez en cuando, podemos acceder a un testimonio en primera persona, que nos lo hace más evidente. Este es el caso.
Anne Sophie logró reconducir su vida. No salió por sus propias fuerzas sino que encontró la ayuda de Dios, que se acerca a nosotros por caminos muy inesperados. Este libro es un testimonio de cómo toda vida, sea cual sea su pasado, puede ser totalmente cambiada. Dios de todo mal saca un bien. Por eso ahora Anne Sophie, dirige una fundación que trabaja en la defensa de la vida humana desde su concepción hasta su muerte natural. ¿Cómo ha llegado hasta ahí? Porque su vida fue salvada y se le otorgó el poder personar y experimentar la alegría.
Nuestras vidas no han sido tan complicadas como la suya pero su experiencia no nos resulta ajena. De muchas maneras el mal nos aprisiona y puede aplastarnos. Aquí se nos confirma que no es ese nuestro destino. Conocer lo que le ha pasado a ella es motivo de esperanza para todos nosotros.
María Vallejo-Nájera
Mala tierra
Ciuadadela
Madrid, 2009
253 páginas