ABC.es |05-08-09
Edmond Rostand, considerado el William Shakespeare francés después de escribir «Cyrano de Bergerac» en 1897, se quedó completamente traumatizado después de que su primera obra fuera devastada por los críticos al calificarla de «indecente» e «insana».
«El guante rojo», un vodevil escrito una década antes de «Cyrano de Bergerac» y cuando Rostand tenía sólo 20 años, fue retirada después de 17 representaciones. Después del éxito de Cyrano, Edmond Rostand se avergonzó tanto que pagó a un teatro para que no exhibiese la obra y e incluso intentó que el manuscrito desapareciese.
El enrevesado primer acto de «El guante rojo» transcurre en el Musée Grevin, que vendría a ser el Madame Tussauds parisino, donde los protagonistas se hacen pasar por figuras de cera para seducir a las espectadoras. Todos ellos buscan cartas amorosas ocultas en una bolsa con forma de guante rojo.
Los críticos destrozaron la obra -coescrita por el hermanastro de su novia– al calificarla de impropia. En una de las escenas, una actriz aparece, según las referencias de la época, con «minifalda y corsé» y en otra los personajes masculinos están «en ropa interior». Uno de los críticos llegó a describirla como «locura gratuita» sin «una sola palabra espiritual». Para colmo de males, «Le Figaro» llegó a publicar que hacia el final del cuarto y último acto «no había nadie en el teatro».Una obra indispenable
Más de un siglo después, un diario inglés recoge la noticia de que un profesor francés ha descubierto una copia sin firmar escondida en la sección de censura del Archivo Nacional Francés. El profesor Michel Forrier ha dicho al periódico que la obra tenía «aire juvenil», pero que ya podía apreciarse cierta evidencia del genio que Rostand desplegó diez años después en «Cyrano de Bergerac».
A pesar se su escaso éxito, «El guante rojo» desempeñó un papel muy importante en la evolución literaria de Rostand. «Le afectó tanto su primer fracaso que abandonó la prosa y se centro exclusivamente el verso. Sin ese fracaso, que le permitió mejorar su estilo y encontrar su propia voz literaria, nunca hubiera escrito su obra maestra diez años después», manifestó el profesor Forrier.
La obra se publicará el próximo 31 de agosto acompañada por 31 cartas inéditas que Rostand envió a su, por aquel entonces prometida, y futura esposa, Rosemonde Gérard. En las cartas, el escritor francés arremete contra sus detractores por su «injustificado fracaso» y se compomete a alcanzar la gloria, en una premonitoria referencia a su propia nariz deforme. «Me dijeron que la gente con prominente nariz carecía de inspiración, lo cuál me cabreó mucho. Ya veremos lo que ocurre en un futuro». Una advertencia, cuando menos, muy acertada.
Imágen El escritor francés Edmond Rostand, en su despacho