Religión Digital,17/09/09 - He leído con asombro acerca de lo que está ocurriendo en la Congregación de los Legionarios de Cristo, en particular lo referente a la "inspección" a la que está siendo sometida por el Vaticano.
Ciertamente, Marcial Maciel, en un momento dado de su vida - en la capilla del Seminario en que se formaba - recibió de Dios un carisma particular, que plasmó y concretó en la conocida Congregación (posteriormente, además, en Regnum Christi), apareciendo ésta como fruto e hija de la espiritualidad del Padre Maciel.
A todos los católicos de bien nos sorprendió y nos dolió descubrir la doble vida del Padre Maciel. Te preguntas cómo es posible que alguien que, posiblemente hubiera sido canonizado años después de su muerte, haya ocultado durante tanto tiempo abusos, amante y descendencia. Muchos lo habrán aprovechado para dar palos a la Iglesia, al Papa (al actual por mandarlo "sólo" a una vida retirada, y al anterior por haber sido engañado), a los Legionarios, al Regnum Christi y, de paso, golpear y terminar de hundir la memoria del Padre Maciel.
Ciertamente, cometió actos dignos de castigo que, por otra parte, debe procurar quien corresponda (v.gr. el Vaticano). Ciertamente, una amante y una hija revelan una doble moral, pasada (por haberse acostado con una mujer y tener descendencia con ella) y actual (por ocultarlo todo). Pero eso no quita, ni un poquito, que la Congregación y, por ende, el Carisma, sean de Dios. Lo decía en un post anterior: un Carisma no lo es más ni menos en función de la actitud o comportamientos de quien lo recibe. Es más, la libertad permanece intacta, como no puede ser de otra manera, y siempre, por suerte o por desgracia, podemos tirar a la basura lo que Dios nos da. Sería a esto extrapolable aquello de "ex opere operato": los Sacramentos operan la Gracia, independientemente del estado espiritual, psicológico y personal de quien los administra válida e idóneamente.
Por tanto, es imprescindible discernir y separar una cosa de la otra: los actos reprobables del Padre Maciel por un lado y, por otro, los frutos espirituales que, con anterioridad a su camino desviado, pudo dar y seguramente dio, aparte de su Carisma Fundador. De manera que, si el Vaticano se guía por la Teología del Carisma y por Dios más que por criterios canónicos y jurídicos, no disolverá la Congregación, sino que la reformará y, como mucho, renovará en su cúpula. Lo que es de Dios, es de Dios, y no podemos ni debemos tocarlo.
Imaginemos, por un momento, que SanFrancisco hubiera decidido dejarlo todo y volver al mundo: ¿sería por eso la Orden menos de Dios? ¿Merecerían aquellos varones, sobre todo los Primeros Compañeros, ser despojados de su Profesión y de lo que habían prometido, sólo por que San Francisco abandonara el Camino de la Gracia? La Orden es de Dios, así se lo recordó a San Francisco en una ocasión. Nosotros, somos sólo instrumentos, frágiles y por tanto propensos a rompernos. Lo malo es que, en casos así, una caída tuya hace mucho daño y provoca mucho sufrimiento a los que van contigo y detrás de ti, puesto que los has engendrado espiritualmente, y eres su guía, su sostén y su norte. Luego, les queda Dios y ser fieles a lo que tú has renunciado. Pero el daño ya está hecho.
Miguel Blanes Coll