Alba Digital, 21/03/10 - Cada verano, desde 1991, un grupo de jóvenes cristianos comprometidos a partes iguales con el arte y con la fe, sale de España con la nada desdeñable misión de hacer hablar a las piedras. A esas con las que están construidas las catedrales y los templos más visitados de lugares como Londres, París, Burdeos, Venecia, Gante y Amberes.
Son los voluntarios de Nártex, representación española de la Federación Internacional Ars et Fides, presente en toda Europa para promover una mejor comprensión del arte religioso y del mensaje que encierran las raíces cristianas del Viejo Continente.
Para llegar a su destino han tenido que superar un proceso de selección y comprometerse a trabajar como guías, asistir a las reuniones y jornadas de formación organizadas por la Federación y hacer una memoria al finalizar el proyecto. A cambio, disfrutan de alojamiento y comida durante un periodo de entre dos y cuatro semanas, realizan visitas culturales y excursiones junto a otros voluntarios y reciben un diploma que acredita su trabajo.
El ‘culpable’ de esta nueva forma de veraneo es el sacerdote francés Bernard Aye, que en 1965 se dio cuenta del gran número de visitantes -sobre todo jóvenes- que acudían a los lugares religiosos como turistas y no eran atendidos adecuadamente. Comenzó entonces a organizar grupos de voluntarios franceses que ofrecían visitas a los turistas francófonos en distintas catedrales e iglesias inglesas.
Su idea se fue extendiendo a otros países y hoy los visitantes pueden encontrarse con estos voluntarios cristianos en Londres (catedral de St. Paul), Oxford (Christ Church), Gante (catedral de St. Bavo), París (Notre Dame, La Madeleine y St. Eustache), Annecy (Notre Dame de Liesse), Burdeos (St. André), Venecia (catedral de San Marco) y Florencia (Sta. Maria dei Fiori).
40 años después de la idea del padre Eye, Ars et Fides consigue no sólo dar a conocer la importancia que los edificios religiosos tienen para la historia europea, sino que grupos de jóvenes vivan durante unas semanas como comunidades que estudian, oran y trabajan juntas.
“La experiencia ha sido inolvidable. Los turistas se sentían muy agradecidos por la acogida en castellano (poco habitual en Flandes)”, cuenta Cristina Solano de la Torre, participante en el Proyecto Gante en 2006.