Valladolid,18/04/10 (La Razón) - Hay personas a las que se les ha sido revelado de una forma especial el sufrimiento del corazón de Jesucristo, necesitado del amor de los hombres y de que éstos se amen unos a otros.
El Padre Bernardo de Hoyos era una de estas personas. En 1733, tras haber ingresado en la Compañía de Jesús con tan sólo 15 años, el Señor le confió la misión de extender por toda España el culto y devoción a su corazón. Y eso hizo. Publicó el primer libro en España sobre el Sagrado Corazón y logró que los misioneros y obispos hablasen a las masas de esta devoción.
Ayer, en Valladolid, sonaban a gloria las campanas y aplaudían decenas de miles de fieles venidos de todo el mundo. El Padre Hoyos, muerto en olor de santidad en Valladolid con apenas 24 años, y nacido hace casi 300 años en Torrelobatón, acababa de ser inscrito en la lista de beatos, por decisión del Papa Benedicto XVI.
Tras una copiosa lluvia caída a lo largo de toda la noche, el sol se dejó sentir durante las dos horas largas que duró la ceremonia, como si el Padre Hoyos hubiese querido hacerse sentir de esa manera. En la homilía, el prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, Ángelo Amato, que presidió la eucaristía en representación del Pontífice, invitó a los jóvenes presentes a dar una respuesta generosa y definitiva a Cristo, tal y como hizo el padre Bernardo. Además, reivindicó la santidad de los laicos como «más necesaria que nunca para introducir en la sociedad aquellas virtudes que favorecen el bien».
Con especial agrado se escucharon las palabras del enviado del Papa cuando se refirió a la predilección del Santo Padre por España: «Benedicto XVI ama mucho a España, tierra de santos y de mártires y reza para que este pueblo continúe dando testigos ejemplares del Evangelio de Jesús, como el beato Bernardo».