De la compilación e investigación teológico-litúrgica a la deseada vivencia espiritual: el rito hispano-mozárabe recibe un importante impulso con el volumen Concordantia Missalis Hispano-Mozarabici (Ciudad del Vaticano, Libreria Editrice Vaticana, 2010), presentado estos días en Roma con la participación del cardenal Antonio Cañizares Llovera, prefecto de la Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos. Con la contribución de la archidiócesis española de Toledo, la novedosa herramienta editorial se debe a Félix María Arocena, Adolfo Ivorra y Alessandro Toniolo. Casi un millar de páginas que brindan todo el patrimonio oracional —depositum euchologicum— del rito mozárabe para la celebración eucarística y el índice de voces para su localización en el interior del Missale. A cargo de Manlio Sodi y Achille Maria Triacca, la colección Monumenta Studia Instrumenta Liturgica se enriquece con estas Concordantia, una auténtica filigrana que representa mucho más que un instrumento de consulta. Así lo explica a nuestro periódico uno de sus autores, don Félix María Arocena, profesor de Teología Litúrgica y Sacramentaria en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra.
¿Hasta qué punto el rito hispano-mozárabe expresa la relación culto-cultura?
En la Hispania romana, después visigótica y luego mozárabe, se mantuvo un modo específico de celebrar el culto divino propio de este área geo-cultual. Es el rito hispano, si se hace referencia a la liturgia antes del año 711, o rito visigótico si se alude a los godos conversos, o liturgia mozárabe en cuanto a los cristianos que vivieron durante la dominación musulmana. Los diversos nombres del rito responden a las diversas etapas históricas de la vivencia de la fe en la península ibérica. Ciertamente las categorías litúrgicas que utiliza el rito hispano hunden sus raíces en la cultura del pueblo que vive esa liturgia. Aproximarse al universo mozárabe con las expresiones de la liturgia, los ritos y su propia idiosincrasia, significa introducirse en el entorno cultural propio de quienes lo celebran.
Si consideramos el sustantivo cultura desde su etimología, es posible apreciar la relación que existe entre culto y cultura. Cultura deriva de colere: cultivar, habitar, amar, cuidar, venerar, adorar… y cultus procede también de colere. A partir de esta raíz común se atisba un nexo tan profundo que es imposible pensar en una cultura que no se exprese a través de formas cultuales, ni en un culto que no incida en la cultura en la que vive el rito. Es interesante identificar este movimiento: la Sacrosanctum Concilium presenta un trayecto desde la liturgia a la cultura, y la Gaudium et spes desde la cultura a la liturgia. Entre liturgia y cultura existe una simbiosis muy íntima. El culto plasma la cultura y crea sintagmas culturales que pueden estar constituidos al menos por estos ámbitos: arte, arquitectura, música, comunicación, predicación, drama sacro, literatura, poesía, piedad popular… En ello España es ejemplo emblemático.
Y una muestra de inculturación de la fe.
Absolutamente. Es más: para entender en profundidad las raíces espirituales cristianas del pueblo español, se necesita consultar la celebración hispana.
¿Cuál es su rostro?
En términos de teología litúrgica, su exuberancia eucológica. Los libros litúrgicos mozárabes, sobre todo el liber princeps, que es el Misal, presenta una abundancia de textos oracionales incomparablemente superior a las demás familias litúrgicas occidentales actualmente vivas, o sea, que se celebran. El rito hispano posee casi para cada día una plegaria eucarística propia; el rito romano, después del concilio Vaticano II, presenta cuatro.
Y en el nuevo volumen citan 2.584 fórmulas eucológicas.
Es un dato muy importante porque da idea de la dimensión oracional del misal hispano. Y no se trata sólo de extensión, sino también de calidad y espesor teologal, porque los contenidos de la lex orandi hispana son riquísimos. Precisamente las Concordantia llegan como instrumento para poder sumergirse en este océano. Sin el auxilio de las Concordancias considero que no se puede alcanzar la oportuna inteligencia teológica de un libro litúrgico tan importante como el misal. El misal romano las tiene; el ambrosiano también; el rito mozárabe carecía de ellas hasta ahora. Las Concordancias son el subsidio fundamental para determinar la ubicación de un término teológico significativo, como por ejemplo memorial, misterio, sacramento, celebración, luz... Se abren enormes posibilidades de investigación en liturgia comparada, por ejemplo, entre una noción concreta en el rito romano en relación con el rito hispano. El universo cultural es muy distinto: la liturgia hispana tiene un latín muy distinto del romano, el elemento legendario está mucho más presente y su densidad lírica es colosal.
¿Qué tiempo necesitaron para elaborar estas Concordancias?
El trabajo ha durado cuatro años. Fue muy laborioso. No tanto por la ejecución informática del proceso, sino por la preparación del texto, de modo que el procedimiento informático actuara sobre él. Aún disponible sólo en latín, hay que observar que el misal mozárabe, tal y como está editado en 1991 —el primer volumen— y en 1994 —el segundo volumen—, presenta algunos errores que si no se hubiesen pulido habrían provocado que en las Concordancias constaran términos inexistentes en la lengua latina. Algunos errores se encuentran en el misal actual mozárabe, pero quizá también en las fuentes —el Liber mozarabicus de Férotin o el Missale mixtum—; a su vez tales errores pueden remontarse a los manuscritos mismos que contienen esos textos. Purificarlos antes de someterlos al tratamiento informático ha requerido gran esfuerzo. Estamos seguros de que este nuevo instrumento será un impulso eficaz a la teología litúrgica del rito hispano.
Las «Concordantia» son una herramienta especializada de teología litúrgica. ¿Late también el deseo de divulgación del rito hispano-mozárabe, de su conocimiento, de su vivencia espiritual?
Pensemos en lo que supone para la Iglesia en Milán su propio rito. El rito ambrosiano está vivo, se celebra en la catedral y en las parroquias de la ciudad, de la diócesis y algunas suburbicarias, y conlleva toda una espiritualidad, un patrimonio de oración específico. No hay inconveniente en trasladar este ejemplo a España. Los cristianos en España poseen un rito litúrgico que es propio de esta tierra; sería inexcusable que no apreciáramos, cultiváramos y oráramos con la sensibilidad de quienes nos precedieron en la fe, incluso hasta el martirio. Un ejemplo: el formulario de la Misa del 18 de diciembre, día de Santa María, la fiesta mariana más importante del calendario hispano. Las expresiones con las que que la liturgia celebra el misterio de Cristo en María nos descubren horizontes de teología y espiritualidad realmente insospechados.
¿Podríamos decir que el rito hispano-mozárabe —y la novedad de las «Concordantia»— son un fruto maduro del Vaticano II?
El Concilio dio igual derecho y honor a todos los ritos legítimamente reconocidos por la Iglesia. Quiso que un mismo misterio de la fe se celebrara en una pluralidad de ritos. Cuando la Sacrosanctum Concilium enunció estos principios, el cardenal arzobispo de Toledo, Marcelo González Martín —el primer Superior del rito hispano-mozárabe después del Concilio, pues es oficio propio de la diócesis primada toledana—, inició los trabajos de restauración de este rito. Mostró su sensibilidad eclesial para conservar y promover una riqueza de la fe inculturada en España. A él se debe la edición del actual misal hispano-mozárabe, que recoge auténticas joyas eucológicas de sabios y santos: padres hispanos como Isidoro de Sevilla, Ildefonso, Justo de Urgel, Conancio de Palencia. Este Misal ha recuperado textos que llevaban más de quinientos años en el olvido. Es un patrimonio demasiado importante como para arriesgar su valor e integridad.
por Marta Lago