
Los récords se hicieron para romperlos... la historia, para seguir escribiéndola. Ambos hitos ha conseguido el cuadro que dirige Vicente del Bosque al quedarse con el 19º mundial de fútbol en la saga que comenzó en Uruguay en el ya lejano 1930.
Por fin se acabaron los casi-casi para los hispanos y precisamente en el mismo torneo en que España logró clasificar por primera vez a semifinales, ampliando su avance después hacia la gran finalísima, la que ayer hizo suya derrotando por la cuenta mínima a Holanda.
Tuvieron que pasar 116 minutos de un encuentro marcado por la rudeza tulipana -previa expulsión del defensa Heitinga en el minuto 109- para que el balón Jo’bulani ingresara al arco defendido por el portero Maarten Stekelenburg impulsado por el mejor jugador del partido: Andrés Iniesta, tras pase de Cesc Fábregas.
El pequeño “cerebro” del Barcelona -con 1,70 de estatura-, con su tanto puso fin a una historia plagada de desilusiones y fracasos, la que daba cuenta de una España que siempre se quedó en el intento, sin responder a las expectativas.
Este Mundial -de hecho- no partió de la mejor manera para los representantes de la madre patria, toda vez que perdieron por 1 a 0 ante Suiza en el debut, por el Grupo H. Sin embargo, a partir de ahí todas fueron victorias para los rojos que ayer jugaron de azul, derrotando a Honduras, Chile, Portugal, Paraguay y Alemania. En sus filas tuvo a uno de los goleadores del certamen (David Villa, con cinco tantos) y al mejor arquero (Iker Casillas). El golero del Real Madrid resultó clave en esta conquista, tapando un remate de la figura holandesa Arjen Robben en el minuto 82, cuando se había ido solo en demanda del arco.
LA FILOSOFÍA
Y así como los españoles fueron fieles a su filosofía de juego, los futbolistas holandeses la traicionaron. La intimidad del camarín naranja sabrá si la violencia con la que enfrentaron la finalísima respondió a una instrucción de su técnico Bert van Marwijk. Una respuesta que sólo ellos podrán dar.
Lo cierto es que las siete tarjetas amarillas que les mostró el errático y contemplativo juez inglés Howard Webb bien pudieron ser rojas tempraneras si el colegiado no le perdona la vida a Nigel de Jong a los 27’ tras enterrarle los estoperoles a Xabi Alonso en el pecho. Incluso ya a los 14 minutos del primer tiempo, y después de su tercera falta en tan corto período de juego, el juez pintó de amarillo al delantero Robin van Persie, lo que dio cuenta del errático planteamiento tulipán.
Al final y ajustándose a reglamento, el árbitro expulsó a John Heitinga por doble amarilla en el minuto 109, tras falta sobre Iniesta cuando éste se aprestaba a rematar. Sería la crónica de una muerte anunciada, porque siete minutos después ese espacio que dejó la ausencia del expulsado defensa, posibilitó que el pequeño volante rematara cruzado para anotar el gol más importante en la historia del balompié español.
Fue, en resumidas cuentas, el triunfo de la escuela del Barcelona sobre la del Ajax, dos corrientes que marcaron hitos. Con la salvedad de que en esta final, sólo una de ellas fue fiel a sus principios. LN