¿No a las monaguillas?
27 de agosto de 2011
Según el rector de la catedral de Phoenix, la condición de monaguillo ha sido tradicionalmente una semilla de sacerdotes, e incluso antes de la existencia de los seminarios, tal como hoy los conocemos, en algunos casos era el camino ordinario para l
La pasada semana el rector de la catedral de San Simón y San Judas en Phoenix (Arizona, Estados Unidos), John Lankeit, anunció que en lo sucesivo no se permitiría a las niñas ejercer como monaguilllos.
No es una decisión pionera, pues una medida similar la habían tomado ya en Estados Unidos diócesis como las de Lincoln (Nebraska) y Ann Harbor (Michigan), pero esta vez la repercusión de la noticia se ha ido extendiendo hasta adquirir resonancia nacional primero, y mundial después.
Y no por su alcance, muy limitado, pues ni siquiera toda la diócesis de Phoenix la ha hecho suya, a pesar de la importancia del templo catedralicio. Es más, varios párrocos se aprestaron a declarar que no iban a seguir ese ejemplo. Lo que ha dado lugar a polémica en otros lugares es la razón aducida por Lankeit, que sí tiene valor universal y ha provocado un debate fuera de las fronteras de su parroquia.
¿Perjudica las vocaciones?
Según la nota que ha hecho pública el rector, y que recoge la página web de la diócesis, se trata de animar a chicos y chicas a servir a Dios de forma diferenciada y complementaria, ellos como monaguillos, ellas como sacristanas, porque diversas experiencias han concluido que el acceso de las niñas a la condición de monaguillo está disminuyendo las vocaciones sacerdotales... y también el de vocaciones religiosas femeninas.
De hecho -y es el ejemplo que ha seguido Lankeit-, las dos diócesis que le precedieron han experimentado un incremento de vocaciones de ambos tipos tras prohibir las monaguillas
¿Por qué? Según el rector de la catedral de Phoenix, la condición de monaguillo ha sido tradicionalmente una semilla de sacerdotes, e incluso antes de la existencia de los seminarios, tal como hoy los conocemos, en algunos casos era el camino ordinario para la primera formación de los presbíteros. Entre el 80 y el 95% de los sacerdotes fueron monaguillos alguna vez durante su infancia.
Ser monaguillo no es un derecho
Pero al convertirse en una función que pueden desempeñar indistintamente niños y niñas, su vinculación con la vocación sacerdotal, exclusivamente masculina, se atenúa fuertemente.
"Puedo entender que la gente se irrite si lo enfoca desde un punto de vista emocional, porque lo convierten en una cuestión de derechos, y parece que se le están negando derechos a alguien", se anticipa Lankeit a la crítica. "Pero", continúa, "ni yo como católico tenía derecho al sacerdocio, ni tampoco lo tenía cuando era seminarista, pues estaba provando mi vocación y era a la Iglesia a quien le competía discernirla". Con mayor razón no puede hablarse de un derecho a ser monaguillo... o monaguilla.
La presencia de mujeres en el servicio del altar empezó a introducirse en Estados Unidos a mediados de los ochenta como abuso. La Iglesia no lo aceptó oficialmente hasta 1994, recuerda William Oddie, influyente columnista del Catholic Herald británico, al afrontar la cuestión una vez ha saltado el Atlántico. Pablo VI y Juan Pablo II eran contrarios a esta práctica, pero a mediados de los noventa la Iglesia católica padecía una campaña mediática muy fuerte por la negación del sacerdocio femenino, y se cedió como excepción, aun manteniendo que la norma era animar a los chicos a esa misión.
La opinión del influyente Vingt-Trois
Pero, dentro de la internacionalización del debate, Oddie añade una opinión más: la del hoy cardenal de París, André Vingt-Trois. Se la dijo en privado al mismo Oddie a finales de los noventa, cuando monseñor Vingt-Trois era arzobispo de Tours. Durante una cena comentaron el hecho de que en la mayoría de las parroquias de París no solamente las lecturas las hacían mayoritariamente mujeres, sino que también eran niñas quienes casi exclusivamente servían al altar.
"El arzobispo Ving-Trois dijo que tal vez el sacerdote no tenía elección, porque todos sus monaguillos fuesen chicas. ´Cuando llegan las niñas´, dijo, ´los niños desaparecen´. Y fue muy categórico al afirmar que, aunque había otras causas, uno de los factores que contribuían a la caída de vocaciones sacerdotales era éste".
Un testimonio de hace una década, y del influyente presidente de la conferencia episcopal francesa, parece pues corroborar los argumentos del rector Lankeit en Phoenix, donde el debate, ahora internacionalizado, continúa.
Comentarios
por Ecazes (201.210.53.---) - viernes , 2-sep-2011, 1:28:15
Una vez, oí a un sacerdote decir que la razón principal para que un niño decida seguir esa vocación, es porque en su vida había alguno especial que dejó su huella y lo convirtió en modelo a seguir. Pero sostener esa posición sería dejar la responsabilidad en la propia cancha, y ya sabemos que eso no se hace.
Con el mismo argumento del artículo, se puede pedir a las lectoras mujeres que dejen de leer.
A mi me parece, mas bien, que en el clero hay mucho temor a ese bicho extraño, desconocido, omnipresente en todas las sacristías y autorreplicante (porque el sexo les es desconocido), que son los individuos femeninos.
por Andrea (200.110.130.---) - sábado , 3-sep-2011, 3:31:26
Poir mi parte no me desgarro las vestiduras con este tema. Pero reconozco que no me gustan las monaguillas. Las veo incómodas, como que los varones se mueven más naturalmente. Será que no estoy acostumbradas a verlas y cuando voy a una iglesia y las descubro me llaman más la atención.
por Abel (88.29.123.---) - sábado , 3-sep-2011, 4:24:26
A mí la verdad que sí me gustan las monaguillas. En realidad no me molesta en absoluto ver mujeres en el servicio del altar, sea como monaguillas, como ministras de la Eucaristía, o como lectoras. Mi problema es cuando alguien,, cualquiera (incluso el sacerdote) sube al altar en ropa de calle, como si fuera meramente a hacer algo práctico: leer, acolitar o servir la Eucaristía no son cosas prácticas, sino reproducciones simbólicas, aquí en la tierra, de la liturgia celeste y exigen una disposición que -como todo en el ser humano- incluye el vestido, la postura, etc.
En cuanto al sacerdocio, si la Iglesia está convencida -al menos de momento- de que no tiene potestad de cambiar la disciplina tradicional en torno al sacerdocio y admitir el sacerdocio femenino, pues será; no me quita el sueño el asunto, porque efectivamente, como dice el artículo, no concibo el sacerdocio como un derecho, y por tanto no me parece una humillación que no puedan realizarlo algunas personas (yo, por ejemplo, al ser casado). Pero tampoco me parecería dramático que hubiera mujeres sacerdotes. La costumbre hace mucho en lo que consideramos "normal" o incluso "lógico".
por Maite (83.59.105.---) - domingo , 4-sep-2011, 6:38:27
Me encanta que hallá monaguillas, o, mejor niñas monaguillo, porque las mujeres no estamos excluídas del altar, ahi, esta el ejemplo de la diaconisa Febe, contada en el libro de los Hechos
sobre el sacerdocio femenino, opino, como Abel, el sacerdocio, no es un derecho para nadie, "ay del tonto, que lo vea así" es una llamada, y, si la Iglesia, hoy, por hoy, entiende que Dios, sólo puede llamar hombres, pues estupendo, pero una cosa es ser presbitero, y, otra acolito, lector, y, hasta diacono
por maria (i) (201.254.96.---) - lunes , 5-sep-2011, 1:00:43
Muy interesantes los comentarios, y me alegro de ver que muchos opinan como yo. Realmente no veo la conexión entre ser acólito y ser sacerdote me parece que hay un salto enorme; uno es un servicio, la otra es una vocación sagrada, un llamado del Señor. En mi parroquia tenemos tanto monaguillas como monaguillos, y, lo lamento por los varones, pero el compromiso, el deseo de aprender y el entusiasmo de las chicas supera en mucho al de los chicos. También tenemos lectoras mujeres, tanto como lectores varones. Lo elegimos según el tono de la lectura y su capacidad para proclamar la Palabra de Dios. El sexo no tiene nada que ver en esto, aunque siempre intentamos variar, para que todos se sientan representados e invitados a participar. De todo esto puedo decir que tanto los acólitos, como los lectores y cualquiera que se comprometa un poco más en las celebraciones, lo que más aprenden es a conocer y amar la Liturgia, descubrir el valor de la Misa, de lo maravilloso que en ella sucede y vivir así un encuentro más profundo con el Señor. Si de ello surgen vocaciones, alabado sea el Señor, pero realmente no veo que exista una relación directa. Lamento que en Estados Unidos no se permita que las chicas descubran y gocen la liturgia como lo pueden hacer en otros lados. Uan pena, de verdad.
por Abel (81.203.129.---) - lunes , 5-sep-2011, 10:09:01
Cierto, María, el participar en algún ministerio del altar, incluso el más pequeño, ayuda muchísimo a comprenderla más y a amarla más. Y luego eso se irradia hacia los demás de una u otra manera.