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Buscador simple (o avanzado)
El buscador «simple» permite buscar con rapidez una expresión entre los campos predefinidos de la base de datos. Por ejemplo, en la biblioteca será en título, autor e info, en el santoral en el nombre de santo, en el devocionario, en el título y el texto de la oración, etc. En cada caso, para saber en qué campos busca el buscador simple, basta con desplegar el buscador avanzado, y se mostrarán los campos predefinidos. Pero si quiere hacer una búsqueda simple debe cerrar ese panel que se despliega, porque al abrirlo pasa automáticamente al modo avanzado.

Además de elegir en qué campos buscar, hay una diferencia fundamental entre la búsqueda simple y la avanzada, que puede dar resultados completamente distintos: la búsqueda simple busca la expresión literal que se haya puesto en el cuadro, mientras que la búsqueda avanzada descompone la expresión y busca cada una de las palabras (de más de tres letras) que contenga. Por supuesto, esto retorna muchos más resultados que en la primera forma. Por ejemplo, si se busca en la misma base de datos la expresión "Iglesia católica" con el buscador simple, encontrará muchos menos resultados que si se lo busca en el avanzado, porque este último dirá todos los registros donde está la palabra Iglesia, más todos los registros donde está la palabra católica, juntos o separados.

Una forma de limitar los resultados es agregarle un signo + adelante de la palabra, por ejemplo "Iglesia +católica", eso significa que buscará los registros donde estén las dos palabras, aunque pueden estar en cualquier orden.
La búsqueda admite el uso de comillas normales para buscar palabras y expresiones literales.
La búsqueda no distingue mayúsculas y minúsculas, y no es sensible a los acentos (en el ejemplo: católica y Catolica dará los mismos resultados).

¿Que es amar?

7 de enero de 2012
Escucha, Israel: Yahvéh nuestro Dios es el único Yahvéh. Amarás a Yahvéh tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza.

Archivo:JEHOVAH at RomanCatholic Church Martinskirche Olten Switzerland Detail.JPGDios nos ha creado para amar y sobre todo para amarle a Él. Ya en las tablas del decálogo de los mandamientos que el Señor entregó a Moisés en el Horeb, el primero y principal mandamiento para el pueblo del éxodo era y es, al igual que lo es para todos nosotros, “Amarás a tu Dios”. Y este mandato se encuentra recogido en la principal oración del pueblo de Israel, el Schema Israel, Escucha Israel, que reiteradamente empleó nuestro Señor y que dice Así: “Escucha, Israel: Yahvéh nuestro Dios es el único Yahvéh.

Amarás a Yahvéh tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza. Queden en tu corazón estas palabras que yo te dicto hoy. Se la repetirás a tus hijos, les hablarás de ellas tanto si estás en casa como si vas de viaje, así acostado como levantado; las atarás a tu mano como una señal, y serán como una insignia entre tus ojos; las escribirás en las jambas de tu casa y en tus puertas”. (Dt 6, 4-9).

 

            El Señor como sabemos no vino a cambiar el A. T. sino a perfeccionarlo. "No penséis que he venido a abrogar la Ley o los Profetas; no he venido a abrogarla, sino a consumarla. Porque en verdad os digo que mientras no pasen el cielo y la tierra, ni una jota, ni una tilde pasara (desapercibida) de la ley hasta que todo se cumpla”. (Mt 5,17-18). Y por ello a nosotros también nos obliga el Schema Israel, y lo diez mandamientos. Y del primero de ellos, el mismo Señor nos dice: Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?  Él le dijo: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas”. (Mt 22,36).

 

El amor es la expresión de Dios mismo, porque como dice San Juan: “Dios es amor, y el que vive en amor permanece en Dios, y Dios en él” (1Jn 4,16). Y si Dios es amor, es de ver que todo el amor que existe emana de Dios, porque Dios es la única fuente de amor que existe en el universo y desde luego dentro de nuestro mundo. Así por esto, San Juan nos dice: “Nosotros amemos, porque él nos amó primero” (1Jn 4,19).  Es decir, o dicho con otras palabras: Nosotros podemos amar, porque previamente hemos sido amados por Dios. Lo que nosotros inicialmente le manifestamos al Señor, es un deseo de amor, un deseo de amarle y a ese deseo, Dios nos corresponde con su amor, que nosotros se lo devolvemos en una muy pequeña parte, reflejándolo el suyo, como en un espejo.

 

Si tenemos pues que la esencia de Dios es el amor, es lógico que Dios le preste a su amor una importancia total, que Él mismo ha venido siempre demandando al hombre, desde que este fue creado por Él. Pero ante estas conclusiones, cabe preguntarnos: ¿Y que es amar?

 

Amar es sobre todo una consecuencia de la voluntad si no hay voluntad de amar no puede haber amor, porque el amor de las personas reside primariamente en su voluntad de amar. Muchos creen que el estado emocional que produce muchas veces el propio amor, es la esencia del amor y si este estado no existe, no amamos. Esto no es así, porque es perfectamente natural que haya personas que se sientan frías ante Dios, en un nivel puramente emotivo y sin embargo tengan un profundo amor hacia Él.

 

Lo que constituye el verdadero amor a Dios es la fijeza de la voluntad. Si tenemos el deseo habitual de hacer todo lo que Él nos pida, sencillamente porque Él lo quiere, y la determinación de evitar todo lo que Él, no quiere que hagamos, sencillamente porque no lo quiere, tenemos entonces amor a Dios independientemente de cuál sea nuestro sentimiento. Amar es, en primer lugar, ser atraído, seducido y cautivado por el amor de Dios. Y esto ocurre según San Juan de la Cruz, en el centro de nuestra alma, que es donde se encuentra Dios, por eso cuando el alma conoce y ama a Dios en la capacidad interior de su ser, habrá alcanzado su centro más profundo donde se halla Dios. Cuanto más ama, más profundamente centrada está en Dios.

 

Continuando con San Juan de la Cruz, este nos dice que: “La fuerza del alma está en sus potencias, pasiones y apetitos, dirigido todo por la voluntad. Cuando la voluntad dirige todas las potencias pasiones y apetitos a Dios y las desvía de todo lo que no es Dios, es cuando guarda la fuerza del alma para Dios y entonces ama a Dios con todas sus fuerzas”. Si cumplimentamos lo que San Juan de la Cruz nos dice en este párrafo, entonces no pensaremos más que en Dios, en su amor y en el vehemente deseo que nacerá en nosotros de amarle más, porque  siempre pensaremos que no le amamos lo suficiente, y que debemos de hacer algo más. Será entonces cuando alcanzaremos a cumplimentar debidamente esa recomendación que nos da el Señor desde los evangelios: “…, conviene orar perseverantemente y no desfallecer”. (Lc 18,1).

 

 El amor a Dios, para que sea verdadero ha de ser siempre, limpio y puro. No es concebible un amor a Dios interesado. San Agustín manifestaba: Vas equivocado si tratas de amar a Dios en función de los bienes materiales que puedas obtener de Él. Ama a Dios gratuitamente, y El mismo será tu recompensa. Tampoco es concebible el amar a Dios y permanecer en pecado, al margen de la gracia de Dios. El Señor no inhabita nunca en un alma manchada por el pecado, es necesario acudir al sacramento del perdón, que hace salir al alma del estado de pecado mortal o de disipación e indiferencia con respecto a Dios y pasar al estado de gracia, en el que ya ama a Dios y se recupera el estado de gracia que el alma tenía antes de caer en el pecado mortal.

 

Tal como nos dice Santo Tomás de Aquino: “Es un hecho natural y evidente, que el corazón amante está habitado por lo que ama. Quien ama a Dios lo posee en sí mismo”. Y cuando uno ama en profundidad, se comprende que ha de amar más al Señor, que a uno mismo. De aquí el por qué, que el Señor nos diga: "Decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome cada día su cruz y sígame. Porque quién quisiere salvar su vida, la perderá; pero quién perdiere su vida por amor de mí, la salvará, pues ¿qué aprovecha al hombre ganar todo el mundo si él se pierde y se condena? Porque quien se avergonzare de mí y de mis palabras, de él se avergonzará el Hijo del hombre cuando venga en su gloria y en la del Padre y de los santos ángeles”. (Lc 8, 23-26).

 

En definitiva amar a Dios,… es entregarse plenamente a Él, porque el amor siempre exige reciprocidad, y si Dios nos ama,… ¿cómo es posible que nosotros no le amemos? El impulso y el deseo de amar a Dios, son muchas las almas que lo sienten, lo cultivan y tratan de agrandarlo, porque el amor siempre es expansivo y trata de expansionarse, no solo amando todo lo creado por nuestro Amado, especialmente nuestro prójimo, sino también expansionarse en su tamaño, porque nunca alcanzaremos amar al Señor, todo lo que un alma enamorada de Él, sueña con amarle.

 

Mi más cordial saludo lector y el deseo de que Dios te bendiga.

Del blog de Juan del Carmelo

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