No podía faltar. El Papa con el sombrero, en México, no podía faltar.
Se les ocurrió, el domingo por la mañana, a dos de los numerosos jóvenes que habían pasado la noche en el césped del Parque del Bicentenario en León, a la espera de la misa.
Mientras Benedicto XVI daba la vuelta en el papamóvil entre los centenares de miles de fieles reunidos en la inmensa explanada, se acercaron a él y le ofrecieron el sombrero más elegante de la colección mexicana, el modelo de los charros, tejido en terciopelo negro con adornos de plata. El Pontífice se lo puso y prosiguió su vuelta llevándolo en la cabeza. Ele entusiasmo de la gente, ya altísimo, alcanzó niveles supremos.
Fue el toque que faltaba para hacer visiblemente concreto el eslogan que acompaña a ritmo incesante cada una de sus actividades: Benedicto, hermano, ya eres mexicano. Y el propio Benedicto XVI lo confirmó al final de la jornada, cuando, improvisando un saludo en italiano a la multitud que le aplaudía delante del colegio Miraflores, afirmó: «Ahora puedo comprender por qué Juan Pablo II dijo: yo me siento un Papa mexicano». Y aseguró: «He hecho muchos viajes, pero nunca he sido recibido con tanto entusiasmo. Llevo conmigo en mi corazón estas impresiones de estos días: México estará siempre en mi corazón».
de nuestro enviado Mario Ponzi
27 de marzo de 2012