Nosotros, seres humanos que vivimos todo el día bajo la luz eléctrica, solitarios, bajo el peso de la depresión, perdiendo cada día horas en los automóviles, horas delante de la triste compañía de un ordenador, no nos imaginamos ahora lo que era esa vida en comunión con la naturaleza, bajo el sol, la lluvia, en compañía de la familia y de los habitantes de la aldea, comiendo lo que producían tus propias manos.
Los hombres con todos sus defectos, vivieron bajo Cristo. Nosotros, en nuestra enfermedad, hemos deformado incluso la visión del pasado.
Pero, creedme, el orden y la armonía medieval no son la caricatura perversa que nos han ofrecido los malos guionistas de Hollywood.
Mirad el microcosmos abrumador de cualquier catedral, asomaos a la vitalidad que destilan los textos de aquellos amanuenses, escuchad la música del ars subtilior francés, es una época que desborda de optimismo, todo está inundado por un extraordinario sentido de la vida como don en un mundo que es un amoroso orden cósmico. No es de extrañar, aquellos hombres creían en Cristo, se encomendaban a la Virgen María, sabían que tendrían que afrontar un Juicio Final, creían en los ángeles, hablaban con los santos, vivían en un mundo con sentido bajo su conciencia.
PD: Pero nuestra época es mejor. Tenemos los Mc Donalds, Gran Hermano y el Prozac. Cualquier comparación entre nuestro paraíso y esa época de Amish malolientes criando cerdos no resistiría la prueba.
P,Fortea