San Francisco y San Buenaventura como «testimonios del Evangelio», gracias a los que «la obra de Cristo en la Iglesia no retrocede nunca, sino que progresa siempre». Lo indicó el Papa durante el ángelus que recitó en Castel Gandolfo, durante el que invitó a imitar a estos dos santos franciscanos «para anunciar el Evangelio de Salvación con las palabras y, antes que nada, con la vida».
Recordó la pobreza de Francisco, el hecho de que nunca llevara ni dinero ni cinturón, de que usara sandalias y de que no usara túnicas, «transformado en otro Cristo».
Benedicto XVI recitó el Ángelus en Castel Gandolfo, a donde volvió después de su breve visita a Frascati, en donde celebró la misa en la catedral y saludó a los organizadores del evento. También pidió disculpas a los fieles que le esperaban en el patio de la residencia de Castel Gandolfo, porque «hemos rezado en Frascati y estamos un poco retrasados».
Para la reflexión dominical, el Papa se inspiró en el santo franciscano Buenaventura, cuya fiesta se celebra hoy. En la visión de Buenaventura, recordó, «toda la historia tiene como centro a Cristo, quien garantiza novedades y renovación en todas las épocas».
En sus saludos, el Papa pidió en francés por los enfermos, los sin techo y las personas que viven en las calles o en los hospitales. En polaco, habló sobre la fiesta de María del Carmelo, que cae mañana, y recordó la devoción del Papa Wojtyla por la Virgen. En italiano, saludó al Sacro Coro Jónico “Juan Pablo II” de la provincia de Táranto y al grupo de los scouts de Reggio Calabria.
Los peregrinos que estaban presentes durante el Ángelus ovacionaron durante un buen rato al Papa, sobre todo algunos mexicanos con sus coros alegres, los polacos y los italianos.