Fue un encuentro breve con alrededor de 1500 fieles en la Plaza de la Libertad de Castel Gandolfo; duró poco más de 20 minutos, suficientes para retomar la serie de catequesis sobre la oración que comenzó el 4 de mayo y para saludar a un grupo de jóvenes que han trabajado en las zonas afectadas por el terremoto en el norte de Italia.
«Saludo a los chicos… que vienen de las zonas de Emilia Romaña y de Lombardía afectadas por el reciente terremoto», dijo el Papa Ratzinger al finalizar la audiencia.
Antes, durante la catequesis, el Pontífice había recordado la figura de San Alfonso María de Ligorio, fundador de la Congregación del Santísimo Redentor (los redentoristas), patrono de los que estudian teología moral y de los confesores.
Según San Alfonso, la oración es «el medio necesario y seguro para obtener la salvación y todas las gracias que necesitamos para conseguirla». «En cualquier situación de la vida –añadió el Papa Ratzinger– no se puede dejar de rezar, especialmente en el momento de la prueba y de la dificultad».
El papa también recordó que, incluso en un clima marcado por una «gran rigurosidad, fruto de la influencia jansenista», San Alfonso recomendó a sus confesores que manifestaran «el abrazo alegre de Dios Padre que en su misericordia infinita no se cansa de acoger al hijo arrepentido».
Es necesario «tocar» siempre y «con confianza a la puerta del Señor», añadió, sin tener miedo de «recurrir a Él y de presentarle con confianza nuestras peticiones, con la certeza de obtener lo que necesitamos».
«A menudo –admitió el Pontífice– reconocemos el bien, pero no somos capaces de hacerlo», y en esto la oración nos ayuda porque «nos ayuda a discernir el verdadero bien y, fortificándonos, también vuelve eficaz nuestra voluntad, es decir la vuelve capaz de hacer el bien conocido».