He visto la película coreana Little Sunshine. Cuando la pedí prestada en mi querida biblioteca municipal, el bibliotecario que me pasa la tarjetita para que la firme y sella los DVDs, me dijo en tono de complicidad: ¿se atreve con el cine coreano?
Llevo en esa biblioteca catorce años y ésta es la primera vez que el bibliotecario con gafas típicas de bibliotecario y barbita corta de intelectual, me hace un comentario. Él nunca hace comentarios. A lo mejor en su casa sí, pero no en la biblioteca.
Se notaba que esa película le había encantado y quería compartir eso con alguien.
Yo le dije que no sabía nada de la película. Que la tomaba prestada sólo porque había leído muy buenas críticas.Hoy la he acabado de ver. No sé cómo he podido aguantar las más de dos horas de película. Bueno, sí que lo sé: varias cenas y muchos ratos en la bicicleta estática. Qué rollo. Lo malo es que le tengo que devolver la película al bibliotecario de las gafas. E inexorablemente me preguntará: ¿Qué?
Y no he encontrado nada que me guste a lo que agarrarme. He tardado catorce años en recibir un pequeño acercamiento por parte de él, y me temo que después de que le diga lo que pienso, no me volverá a hacer otro comentario en los próximos cien años.Claro que también podría decirle: ¡Me ha encantado! Qué maravilla. He llorado de emoción. Pero no soy de esos. Qué sufra.
P. Fortea.