La Compañía de Jesús es parte esencial de la “universidad rebelde” del Perú, ex Pontificia y Católica. Los sacerdotes jesuitas han estado presentes en esa institución desde su inicio. Ahora, en medio del conflicto del claustro con la Santa Sede, la orden salió a defender la postura de las autoridades universitarias. Al hacerlo lamentó el quite de títulos dictaminado con aprobación papal y llamó a la Iglesia a retomar el diálogo.
Mientras la directiva de la ex PUCP mantiene una posición de abierto desafío a las disposiciones de Roma, los jesuitas creen todavía posible salvar la situación. Al menos eso manifestó el provincial de la Compañía de Jesús en el Perú, Miguel Gabriel Cruzado Silveri, en una carta a Salvador Piñeiro, presidente de la Conferencia Episcopal Peruana.
Un texto de cinco páginas cuyo contenido excede las fronteras del país, porque se mandó con copia al prepósito general de la orden, Adolfo Nicolás; al secretario de Estado de la Santa Sede, Tarcisio Bertone; al prefecto para la Educación Católica, Zenon Grocholewski y al flamante prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Gerhard Ludwig Müller.
En la misma Cruzado Silveri recordó la presencia jesuita en la universidad, cuyo ápice se logró con los rectores Rubén Vargas Ugarte (1947-1953) y Felipe Mac Gregor (1963-1977) y la ensalzó como un “instrumento eficaz para la evangelización”, así como “fuente de crecimiento de vocaciones al sacerdocio, a la vida consagrada y al apostolado laical”.
En el resto de la carta el provincial defendió los puntos que determinaron la rebeldía de la cúpula universitaria. Aunque la Santa Sede pidió varias veces y sin éxito que los estatutos del centro educativo se adecúen a la constitución apostólica “Ex Corde Ecclesiae”, para el superior jesuita la ex PUCP desarrolla su misión, “en lo fundamental y de manera siempre perfectible, dentro del espíritu” de ese documento.
Cruzado Silveri reconoció que “la presencia efectiva de voces discrepantes con relación al carácter católico y eclesial”, pero la consideró como una realidad “propia de toda institución universitaria”. Además expresó “profundo pesar” por el enfrentamiento público de hermanos en la fe, situación que “perjudica seriamente el servicio eclesial”. Y remató: “Es muy doloroso comprobar que esta situación de conflicto ha deteriorado gravemente la credibilidad de nuestro mensaje evangelizador, principalmente entre los jóvenes del Perú”.
“El decreto emitido por el cardenal Secretario de Estado no ha recibido de parte de amplios sectores de la PUCP y de la sociedad peruana la aceptación que se podía haber esperado, y choca con múltiples escollos de orden jurídico para su correcta aplicación, hasta el punto de poder generar lamentables enfrentamientos entre la Santa Sede y el Estado Peruano”, sostuvo.
Por todo esto el provincial instó a las autoridades eclesiásticas a retomar el diálogo con la universidad para lograr una solución definitiva basada en el acuerdo del 31 de marzo último. Una propuesta sí alcanzada por las partes en conflicto, pero que la Asamblea Universitaria de la ex PUCP nunca quiso aceptar.
“De no conseguirse un acuerdo se corre el riesgo de que la Iglesia pierda una institución académica de la mayor calidad y excelencia, y por la polarización de las posturas, se exacerben los sentimientos de amargura y animadversión contra nuestra Iglesia”, advirtió el jesuita.
por Andrés Beltramo Álvarez, Roma