El grupo religioso vive en una comunidad en el Alto Paraguay, a más de 600 km. de Asunción, en un territorio al que, en caso de lluvia, no se puede llegar con facilidad, para usar un eufemismo. Las calles están cubiertas con arena del adyacente Río Paraguay, que traza un paisaje ameno y que separa al país de su vecino Brasil.
Justamente enfrente se encuentra Brasil, con Porto Murtinho que alimenta muchas esperanzas por la cantidad de trabajo que ofrece, a tan solo 3 minutos en lancha, e influencia la cultura lingüística con el portugués y la economía con el Real.
Si no se tiene en consideración este contexto, es difícil entender la obra de la comunidad salesiana (el párroco Armindo Barrios, el italiano Luis Nardon, Carlos Coronel y el hermano Domingo Bulfe).
“Colonia Carmelo Peralta” también puede contar con la ayuda de las hermanas de María Auxiliadora (Justa, Juanita y Fabiola), que enseñan, además de vivir una presencia cristiana, artes y oficios, además de ofrecer cursos de cocina. La parroquia de Carmelo Peralta se extiende hasta la Isla Margarita y comprende dos comunidades indígenas ayoreo, en las que inicialmente hacía comenzado a desarrollarse la presencia de los religiosos salesianos, pero salieron del territorio al final de la década de los años 80 para favorecer la autonomía de los indígenas, según un nuevo estilo misionero.
Particularmente, los indígenas aprovechan los recursos que ofrece el río, porque subsisten económicamente gracias a la venta de algunos pequeños pescados y cangrejos que se usan como carnaza en la pesca deportiva. Por lo demás, las comunidades reciben alimentos y algunos productos gracias a una barca que atraviesa el río (el Aquidabán) una vez a la semana y que además transporta a las personas por la región. Aunque también cuentan con la “solución brasileña”. El río, pues, es el verdadero vínculo entre Colonia Carmelo Pelralta y Paraguay, porque los caminos de arena del Chaco no ofrecen muchas garantías. Lo que sorprende al pasar unos días con estos religiosos es la sencillez y al mismo tiempo la fuerza de la Palabra de Dios que se convierte en experiencia cotidiana en las diferentes actividades.
Desde este punto de vista, es interesante el papel que desempeña la radio comunitaria “Joven”, que, mediante sus frecuencias, marca el ritmo de la vida de esta parroquia con programas de reflexión religiosa y de entretenimiento, pero también para informar sobre todo lo que sucede fuera de la Colonia. También están las veladas en el oratorio que, siguiendo el estilo de don Bosco, proponen catequesis, deporte y actividades musicales.
A pesar de las dificultades «logísticas», también se pueden encontrar en esta pequeña zona las primeras muestras de la secularización, pero todavía hay mucho material humano en el que se puede invertir y en el que se debe apostar. Tal vez como cuenta el padre Luis, de 77 años, la vida misionera no es un sacrificio, sino simplemente la respuesta a la propia vocación. Sí, una respuesta que hace que crezca la esperanza.