Los episcopados refieren a Roma. Continente por continente, las relaciones en el Vaticano trazan el estado de salud de la cristiandad. Como un pequeño Concilio, el Sínodo de los obispos reflexiona y replantea la Iglesia y su función en el mundo. Falta el poder deliberativo, pero a veces una reunión consultiva puede contribuir a cambiar las cosas.
Los trabajos del Sínodo general sobre la Nueva Evangleización avanzan con paso fuerte. Esta mañana, los padres sinodales presentes eran 255; de estos, 142 participan por primera vez en una reunión sinodal. Después, monseñor Jospeh Absi, arzobispo titular de los greco-melequitas de Siria, antes de que comenzaran los trabajos pronunció una breve meditación.
Después el secretario general del Sínodo, monseñor Nikola Eterovic, anunció que toda la asamblea de los padres sinodales se comprometía, como habían pedido los obispos sirios, para rezar por Siria, en donde la violencia aumenta desde hace más de un año y medio. «Hoy, la gente en Europa tiene hambre y sed de esperanza», afirmó en el aula el cardenal Peter Erdö, presidente del Consejo de las Conferencias Episcopales Europeas, al presentar el informe sobre la situación del viejo continente, que se ve afectado por tres factores negativos: «la disminución demográfica y el envejecimiento de la población, la crisis económica y el debilitamiento de la identidad cultural y religiosa».
La Iglesia, asegura, hace su deber. «Muchos laicos –revela– ahora reciben la formación para esta misión». Los nuevos movimientos eclesiales «son una verdadera bendición para la Iglesia, si logran evitar la tentación postmoderna de contentarse con sentimientos y percepciones particulares». El debate es directo.
En la Iglesia católica, «desgraciadamente movimientos y nuevas comunidades siguen siendo todavía un recurso no valorado plenamente en ela Iglesia, un don del Espíritu y un tesoro de gracias todavía escondidos a los ojos de muchos pastores, tal vez atemorizados por la novedad que aportan a la vida de las diócesis y de las parroquias», denunció el cardenal Sranislaw Rylko, presidente del Pontificio Consejo para los laicos. Y no es suficiente la institución. «Aunque es ndispensable, la organización institucional de la Iglesia no es suficiente: gran parte de la humanidad de hoy no reencuentra el Evangleio en la Evangleización permanente de la Iglesia», advirtió el presidente del CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano), el arzobispo mexicano Carlos Aguiar Retes. Hablando de la renovación pastoral en América, Mons. Aguiar Retes, señaló que la religiosidad sigue viva y es la gran reserva potencial de nuestros pueblos y que una «característica peculiar de América es la existencia de una piedad popular profundamente enraizada en sus diversas naciones».
«En África –revela por su parte el cardenal Polycarp Pengo, arzobispo de Dar-es-Salaam en Tanzania y presidente del Simposio de las Conferencias Episcopales de África y Madagascar– hay elementos culturales que impiden una verdadera evangelización». Entre ellos se pueden citar los perennes conflictos tribales, las enfermedades, la corrupción, el tráfico de seres humanos, la atrocidad de los abusos en contra de menores y la violencia hacia las mujeres. Además, la «Iglesia en África es privada de los evangelizadores más calificados, mientras que la Iglesia occidental, rica desde el punto de vista material, recibe a evangelizadores cuyo principal objetivo es la ganancia material». Sobre Asia habló el cardenal Oswald Gracias, arzobispo de Bombay y secretario general de la “Federation of Asian Bishop’s Conference”.