El secretario general de la Federación Luterana Mundial (Lwf), que a finales de diciembre intervino en el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados en Ginebra, dio a conocer en el sitio de la Lwf su mensaje de Año Nuevo.
Retomando el pasaje de la Epístola a los Hebreos 13, 14 («Porque no tenemos aquí abajo una ciudad permanente, sino que buscamos la futura»), y en poco más de una cartilla, Martin Junge confió a las Iglesias luteranas la misión de oponerse con valentía a cualquier forma de injusticia en el mundo. «Estas palabras iban dirigidas a una Iglesia de los orígenes, que entonces parecía cansada y si confianza, pero se dirigen también a nosotros para que encontremos la inspiración en todas las cosas que Dios continúa haciendo o que vuelve nuevas».
La palabra clave de cualquier cristiano es la de anunciar con alegría y sin ningún temor el Evangelio de Jesús, además de su capacidad para transformar el mundo poniendo en duda el “status quo”. A menudo, los valores de la cultura dominante pueden llegar a ser opresivos y pueden también parecer contrarios a las enseñanzas de Jesucristo. Pero, indicó Junge, «no existe ningún motivo suficientemente convinvente para renunciar o para retirarnos de nuestras ciudades, darle la espalda a la complejidad del mundo en el que se encuentran inmersas hoy las Iglesias». Fue Dios mismo, efectivamente, explicó el líder de los Luteranos, quien nos mostró su amor por el mundo, enviando a su Hijo a «entrar» en nuestra tierra y a vivir entre nosotros.
Solo con un testimonio valiente, pero que respete a los demás, podremos contribuir a la construcción de un mundo en el que reinen una mayor justicia, la paz y la reconciliación entre las personas y los pueblos, además de una nueva solidaridad entre los seres humanos y la creación.
La Lwf, fundada en Lund (Suecia) en 1947, es el ente que engloba a las 143 Iglesias presentes en 79 naciones, con un total de más de 70 millones y medio de cristianos.