
Por Paola Martini
Marcelle Gallois nace en París en 1888, en una familia de pocas simpatías religiosas; después de haber frecuentado la Ecole de Beaux-Arts de Montepellier y, sucesivamente, de París, la nota el ilustrador y caricaturista francés Adolphe Willette, que la impulsa a especializarse en el diseño satírico, bosquejando, con rasgo irónico pero no desaprensivo. A causa de una profunda crisis existencial en septiembre de 1917, Marcelle entra en el monasterio benedictino de Saint Louis du Temple, en París, tomando el nombre de madre Geneviève. Durante algunos años, dentro de la clausura, su creatividad es fuertemente limitada: la joven monja, fiel al voto de obediencia, está destinada a otras actividades.
En 1931, algunos de sus bocetos realizados para una venta benéfica llegan a las manos de Paul Alexandre, examigo y descubridor del talento di Modigliani, que queda impresionado por la emotividad y la lozanía de los diseños. Él tiene el mérito de haber intuido y valorizado sus grandes posibilidades artísticas, sosteniendo y animando su difícil camino de artista dentro de la clausura monástica.
Artista prolífica, la madre Geneviève se expresó a través de medios diferentes, pasando por la pintura al óleo, el bordado, la incisión, y la realización de vidrieras. Su contribución más original es seguramente el gran número de folios sobre acuarela en los que retrata –gracias a un rasgo original y a una singular inmediatez– la inmutabilidad diaria de la vida monástica.
Antes de su muerte, en 1967, a través de Paul Alexandre, la obra de la madre Geneviève ya suscita el interés de los críticos contemporáneos, entre los cuales, André Malraux. Adolphe Willette paragona su estilo al de Toulouse-Lautrec por su capacidad de captar, con rasgo veloz, el perfil grotesco y a veces caricaturizado de los sujetos retratados. En 1951 comienza, gracias a François Mauriac, un gran debate sobre la actualidad y el significado del arte sagrado, y la obra de la madre Geneviève es comparada con la de Georges Rouault en su papel de renovación del arte sagrado.
Durante los últimos años de su vida, a partir de 1950, la madre Geneviève se dedica a la realización de dos grandes ciclos de incisiones, cuyo tema era la Pasión de Cristo y La vie du petit saint Placide, tomado de la ilustración del evangelio de Lucas. En fin, el ciclo de vidrieras para la iglesia abacial de Limon-Vauhallan y para la iglesia de Petit-Appeville, a la que se dedicó de 1956 a 1962, año de su muerte.
A pesar de que la vida monástica le impidió el contacto directo con los artistas contemporáneos, la madre Geneviève se mantuvo siempre actualizada respecto a las nacientes corrientes artísticas, y aunque tratara temáticas diferentes, con su estilo se adhirió plenamente al nacimiento de lo que después se definiría gráfica publicitaria. Uso de colores primarios, rasgo seco, partición geométrica del área de trabajo, reducción de la anatomía como símbolo puro del gesto y utilización de las inscripciones con caracteres privados de gracia, estas son las grandes innovaciones que la artista aporta a su producción. Pero contextualizándola en su tiempo vemos que son los mismos lenguajes asumidos por el expresionismo escandinavo, por De stile, por Bauhaus y por la producción pictórica de los artistas adherentes a la Secesión vienesa.
En el centro de la atención de la madre Geneviève está la vida monástica en todos sus aspectos, presentada en cerca de 150 acuarelas que constituyen la parte más conspicua y determinante de su producción artística, donde la artista fija la vista en la medida del tiempo para diseñar, desde maitines a completas, todos los momentos de la vida monástica. Sucesivamente su mirada abandona los espacios de la dimensión religiosa para concentrarse en les bisognes basses et abjectes de la cocina, la lavandería, y en toda actividad humilde y manual.
En simples folios (generalmente de 213 x 278 mm.) preparados con cola y yeso, la artista trabaja con rasgo incisivo, sin volver atrás. Pocos rasgos para delinear, con agudeza psicológica, a sus hermanas, utilizando una gama de tonalidades, negras y azules intensas. Si la escena ocupa una parte importante del folio, es el texto, que la acompaña, el que aclara su significado más íntimo, inspirándose en los Salmos o en las obras de Paul Claudel o Charles Péguy, con una relación entre imagen y escritura extremadamente innovadora y gráficamente moderno.
Sentido del color y del gesto artístico, humor y profundo espíritu religioso emanan de estas obras, a las que ya fueron dedicadas diversas iniciativas expositivas, entre las cuales, las más recientes, las exposiciones en el Musée des Beaux-Arts de Rouen (14 de mayo – 23 de agosto 2004) y el Musée National de Port Royal des Champs (10 de abril - 7 de julio de 2008).