Esta noche, el Papa Francisco celebrará la misa “in Coena Domini” en el reformatorio de menores de Casal del Marmo. Durante el rito, lavará los pies a 12 chicos de diferentes nacionalidades y confesiones religiosas que se encuentran detenidos en ese instituto penal para menores.
Bergoglio nunca ha estado en Casal del Marmo, pero tiene muy presente el apostolado silencioso de caridad que llevó a cabo durante décadas entre los jóvenes de este instituto para menores el sacerdote Agostino Casaroli, que murió en 1988 después de haber sido el Secretario de Estado de Karol Wojtyla. No sería exagerado imaginar que la idea de celebrar la misa del Jueves Santo entre esos chicos le haya venido pensando en el vínculo de ininterrumpida dedicación pastoral que unía al gran diplomático vaticano y el instituto reformatorio para muchos jóvenes suspendidos entre el riesgo de perderlo todo y la esperanza de volver a empezar.
En septiembre de 2008, en la homilía de una misa celebrada en la Catedral metropolitana de Buenos Aires, el entonces cardenal Bergoglio contó a los fieles una anécdota sobre la relación entre Casaroli y el instituto de Casal del Marmo que se le había quedado grabado en la memoria. «El cardenal Casaroli», contó Bergoglio «desaparecía todos los sábados por la tarde… “está descansando”, decían. Un joven sacerdote fue a una casa de menores, un reformatorio, y ahí había un capellán muy bueno que iba en autobús, con su bolsa de trabajo, y se quedaba a confesar a los chicos y a jugar con ellos. Lo llamaban Agustín. Nadie sabía mucho más. Pero era justamente él». Bergoglio añadió una característica particular para sugerir que incluso en el servicio diplomático que ofrecía a la Santa Sede, Casaroli se inspiraba en la misma fuente espiritual que alimentaba su preocupación pastoral hacia los chicos de Casal del Marmo. «Cuando Juan XXIII lo recibió después de su primera visita a los países del este, en misión diplomática en plena Guerra Fría» -contó Bergoglio- «al final del encuentro el Papa le preguntó a Casaroli: “Dígame, ¿sigue yendo a ver a aquellos chicos?” “Sí, Santidad”. “Le pido un favor: no los abandone nunca”». Esa fue la orden que dejó el Papa bueno a Casaroli, pocos meses antes de morir.
Bergoglio leyó y aprecia mucho el "Martirio de la paciencia", libro autobiográfico que escribió Casaroli para contar el periodo de la “ostpolitik” vaticana del que fue protagonista. «La gran diplomacia que ha dado tantos frutos a la Iglesia», comentó el entonces arzobispo de Buenos Aires en 2008, «se alimenta con la caridad, con la penitencia».