A partir de Julio del 2012 Ayuda a la Iglesia Necesitada inició en Brasil la distribución de un millón y medio de ejemplares del YouCat, el Catecismo joven de la Iglesia Católica. Durante una de los encuentros para distribuirlo a los jóvenes de la comunidad Shalom, estaba el asistente eclesiástico de AIN en Brasil, el P. Evaristo Debiasi, quien hizo una curiosa pregunta a Felipe - uno de los jóvenes de la comunidad que como muchos jóvenes que viven en las grandes ciudades antes de dar un cambio había pensado en “dejar de vivir, no en el sentido de matarme, sino simplemente de existir, sin vivir...”:
- Felipe, eres un joven ya evangelizado. ¿Para qué necesitas el YouCat?
El joven contestó:
- Todas las tardes salimos a evangelizar. Y cuando nos aproximamos a los jóvenes, todos los días preguntan cosas muy concretas. ¿Por ejemplo, “¿Qué es la oración? ¿Quién es Dios? ¿Qué es el pecado?” Parecen preguntas tontas para quien está en la Iglesia, pero si uno no tiene buen fundamento para contestar estas preguntas pierde un alma... y yo no quiero perder más almas.
La experiencia de Felipe muestra los desafíos de Ayuda a la Iglesia Necesitada en las grandes ciudades de Brasil, que también son tierras de misión y necesitan de misioneros. En estas grandes capitales todos han oído hablar ya de Jesucristo, pero a algunos no les importa, otros van detrás del Jesús “vendido” por las sectas que ofrecen un supuesto éxito financiero y otros, aunque se digan católicos, conocen poco la fe que profesan. Además hay otro gran grupo con necesidad de ser evangelizado: son aquellos cuyo hogar es la calle, que necesitan rescatar no solamente su fe sino también su vida.
La ciudad de São Paulo tiene más de 13 mil personas viviendo en la calle, y más de un millón de habitantes viviendo en favelas. En ese medio prolifera la prostitución y el uso de drogas. Sin embargo la presencia de Dios crece también a través de misioneros como los miembros de la comunidad Alianza de la Misericordia. Los misioneros de esta comunidad pueden ser vistos caminando en la noche fría y peligrosa de São Paulo - una de las ciudades más grandes y más violentas del continente - ofreciendo alimento, calor, pero sobretodo una palabra amiga: la Palabra de Dios.
“Comprobamos que muchos jóvenes dejan los revólveres, las armas, por otras armas como son la Biblia y el Rosario. Hace un tiempo un joven que se había recién convertido fue interceptado por sus antiguos compañeros del crimen y les dijo: ‘Yo no vengo a asaltar a nadie. Miren, mi arma ahora es el Rosario’. Entonces un excompañero le apuntó con la pistola y dijo: ‘Veamos ahora lo que hace tu arma contra la mía.’ Entonces, el joven converso contestó que el criminal podía quitarle la vida, pero que él jamás renunciaría a lo que había encontrado porque Cristo le había dado la verdadera Vida”, relató el Padre Henrique Porcu uno de los fundadores de Alianza de la Misericordia en un documental de AIN. Todo ése trabajo no podría existir si AIN no ayudara ese movimiento con la formación de sus misioneros.
Recife, capital del estado de Pernambuco al Nordeste de Brasil, es invadida por las sectas como toda gran metrópoli brasileña. Personas de fe pero con poca formación son fácilmente atraídas por las sectas. Sin embargo la Obra de María - una nueva comunidad de la Iglesia Católica - viene ofreciendo nuevo aliento a la evangelización. A través de los cenáculos - grupos que se reúnen en las casas y rezan el rosario – la Obra de María se acerca a un gran número de jóvenes que hasta entonces eran indiferentes a la fe o pertenecían a alguna sectas, incluso a sectas satánicas. Para realizar los cenáculos misioneros llevan la Biblia, una imagen de Nuestra Señora de Aparecida y el rosario. Como la comunidad es pobre y las distancias son largas, su trabajo se veía limitado y con gran dificultad para expandirse. AIN los apoyó entonces con la compra de Biblias y bicicletas. Hoy alcanzan más de 80 mil personas en trece estados brasileños en su labor de traer hijos de vuelta al regazo de la Madre.
La fundación pontifica Ayuda a la Iglesia Necesitada hace mucho por plantar la semilla de la fe en el cemento de las grandes ciudades de Brasil: tanto entre los jóvenes que creen solo en la falsa y fría razón que les lleva a la indiferencia y excluye de la verdadera sabiduría, como a los moradores de la calle que necesitan saber que Dios les ama o también a los más humildes que, en una desesperación material, creen en los falsos profetas de hoy. Sin embargo todavía hay mucho que hacer.
Por Rodrigo Arantes