Este año, la Santa Sede participará por primera vez en la Biennale de las Artes Visuales de Venezia, regresando a la tradición del mecenazgo artístico que caracterizó a los papas del Renacimiento y de los siglos sucesivos. El objetivo, explicó el “ministro” de la cultura del Vaticano, el cardenal Gianfranco Ravasi, es el de reconstruir el «diálogo interrumpido» después del divorcio, «no siempre consensual, que se consumó entre el arte y la fe, sobre todo durante el siglo pasado».
El pabellón vaticano (que costó 750 mil euros, cubiertos por la misma Biennale, 300 mil, y otros entes privados como Eni o el banco Intesa San Paolo, el resto) estará dividido en tres secciones, relacionadas por el hilo conductor de las narraciones bíblicas del Génesis. La primera parte, dedicada a la Creación, fue encargada al grupo milanés Studio Azzurro; la segunda, De-Creación, al fotógrafo checo Josef Koudelka (que en 1968 documentó la invasión de Praga por parte de las tropas soviéticas); y la tercera, la sección sobre la Nueva Humanidad o Re-Creación, será obra del pintor estadounidense Lawrence Carrell, vinculado al movimiento del “Arte pobre”, que utiliza material reciclado para la creación artística. Como homenaje a la tradición artística vaticana, un Tríptico de Tano Festa, inspirado en la Capilla Sixtina de Miguel Ángel, inaugurará el pabellón.
La fe personal de los artistas no fue tomada en consideración a la hora de decidir quién habría participado, según explicaron durante la presentación de la iniciativa hoy en el Vaticano. Con la participación en la Biennale de Venecia, explicó Ravasi, «queremos intentar un diálogo auténtico entre el conjunto religioso y, por otra parte, un arte que tiene una nueva gramática expresiva». «Por este motivo –añadió– consideramos que es particularmente significativa esta experiencia, que se vuelve a conectar con la antiquísima y gran tradición tanto del arte como de la fe, hermanos en el camino de la cultura».
Después del “divorcio” entre el arte contemporáneo y la Iglesia, los artistas a menudo adoptaron la vía de la provocación, a veces blasfema, según Ravasi, para relacionarse con la fe. Justamente en la Biennale de Venecia, en 2001, fue expuesta “La Nona Ora”, de Maurizio Cattelan, que representaba un meteorito goleando a Juan Pablo II.
Según Ravasi, la experiencia de Venecia será solo un primer paso: para el futuro, y todo depende de lo que opine el Papa Francisco, el cardenal anticipó como «probable» una presencia vaticana en la Expo universal de Milán. «No se esperen un árbol grandioso, sino un germinado –añadió a propósito del pabellón de la laguna veneciana–: esto pretende ser solo un punto de partida. Queremos crear una atmósfera de encuentro entre el arte y la fe que, en perspectiva puede llegar a un buen uso litúrgico, aunque por ahora no está previsto para las obras que presentamos en el pabellón vaticano. Digamos que se trata del inicio de un recorrido».
¿Algo que lamentar? Según Ravasi, el hecho de que no «haya mujeres, salvo Micol Forti (directora de la Colección de Arte Contemporáneo de los Museos Vaticanos, ndr.), que fue uno de los artífices del pabellón».
El pabellón vaticano en el Arsenal de Venecia será inaugurado el 31 de mayo a las 16.30 hrs. y permanecerá abierto hasta el 24 de noviembre.